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La mayoría de los abscesos son provocados por hematomas que se infectan. El caballo se golpea la pared del casco o la suela con una piedra, con otro casco, etc y se produce una hemorragia interna de mayor o menor tamaño. Las bacterias penetran por las microgrietas de la materia cornea e infectan el contenido del hematoma, excelente caldo de cultivo donde proliferan sin cesar. El absceso crece, produciendo pus y gas, hasta liberarse al exterior por la línea del rodete coronario.
La detección de los mismos es relativamente fácil. El caballo presenta mayor o menor dolor y cojera con pulso y calor en el casco. La palpación con la tenaza de sondeo revela un punto de dolor que nos indica el lugar preciso para desbridar y dar salida al material necrótico y los gases. Pero los abscesos no siempre son tan evidentes y producen quebraderos de cabeza a los veterinarios y herradores al no declararse con la esperada prontitud.
Esto es lo que le ha ocurrido a este caballo de Raid, que ha permanecido cojo durante un mes sin que se pudiese localizar la causa que le hacia claudicar. Sus síntomas eran compatibles con un absceso, pero ni se le localizaba con la tenaza de sondear ni daba cuenta de si en las radiografías.
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Presentamos el caso de un valioso caballo de salto al que hemos tratado un cuarto en la clínica Equisan, en colaboración con el veterinario Álvaro V. Goyoaga. El caballo, de raza centroeuropea padece de un cuarto crónico en la pared lateral de su mano izquierda, con exacerbaciones intermitentes, que le ocasionan sangrado en la región de la corona con dolor y cojera. El tratamiento había consistido únicamente en reposo y herraje con herradura de huevo, pero sus propietarios se han decidido a mantener al caballo en reposo unos meses, por lo que se contempla la posibilidad de un tratamiento mas drástico.
En una primera observación vemos que el caballo presenta mas problemas que el cuarto, siendo este último una consecuencia de otro u otros problemas interrelacionados entre si. En efecto, el caballo es un ejemplar muy largo y tendido de cuartillas, lo que le confiere una predisposición morfológica de talones bajos y remetidos. Es muy posible que esta conformación, aunada a un herraje poco específico haya determinado el colapso del casco.
Es notable la curva ascendente que describe la corona en el punto del cuarto. Los talones del casco, incapaces de sostener el peso del caballo, se han adaptado a las presiones remetiéndose por debajo del casco y a su vez, se elevan y se sobreponen. El colapso del estuche corneo es inevitable.
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Cuando se presenta un hormiguillo en un casco, de poco sirven las curas y los paliativos recetados en los antiguos libros de podología y herraje. El tiempo juega siempre a favor de la infección y en contra del caballo. Bajo una mancha en la línea blanca, puede ocultarse una severa onicomicosis capaz de desestabilizar y comprometer gravemente la integridad del casco y del pie del caballo.
Los potros en pastura son muy propensos a desarrollar infecciones crónicas en lumbres. A menudo no se les suelen tratar estas infecciones y con el tiempo se extienden hacia la corona, desestabilizando el casco. Se debe de actuar enérgicamente contra las manchas y cavidades de la línea blanca, resecando todo el casco hueco para exponerlo a la acción del oxigeno ambiental.
En la fotografía presentamos el casco de una potra añoja hannoveriana, a la que se le detectó un hormiguillo en un recorte de cascos. Con la tenaza de filos curvos y la legra de anillo desbridamos toda la zona infectada a fin de pincelarla con formol durante una semana. No se prevé reconstruir el casco con acrílico y el herraje periódico será el único tratamiento en tanto el casco le crece libre de infección
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