| Algo sobre forja |
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| Friday, 23 de November de 2007 | |
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El devenir de los tiempos y la especialización a la que se sometió el oficio de herrador dio como resultado que se dejasen de fabricar las herraduras en la propia herreria. La globalización económica y la mejora de las comunicaciones facilitó la importación, a veces desde lejanos países, de las herraduras y de los clavos de herrar. Hoy día, es muy difícil encontrar a un herrador que se forje sus herraduras, salvo contados casos en los que prevalece un cierto romanticismo sobre las premisas económicas. Quienquiera que conozca un poco el mundillo, sabe que el costo de una herradura importada a España desde Estados Unidos o Europa, apenas cubre el coste del hierro y el carbón necesario para forjarla. El oficio y la técnica de forjador es difícil de enseñar y aun mas difícil de aprender. Por otra parte, no todo el mundo posee la habilidad necesaria para trabajar la fragua y el yunque. De hecho, es muy difícil encontrar un herrador que reúna las dos condiciones, es decir, ser buen forjador y buen herrador, siendo mucho mas difícil lo último que lo primero. El hecho de ser buen forjador no presupone que se sepa colocar después la herradura forjada y viceversa. Hoy día es frecuente encontrarse con herradores que no han forjado una herradura en su vida. Hoy día son muy populares los concursos de forja, en los que los participantes demuestran su habilidad en la forja de herraduras, realizando algunos de ellos, auténticas obras de arte. Este tipo de concursos deben de situarse en lo que realmente son: concursos en los que se dirime cual de ellos es el más hábil. En la práctica diaria, los herradores no se ven en la necesidad de realizar trabajos tan complicados, ni siquiera de forjar una herradura sencilla a partir de una pletina lisa o posta. Claro está que cuanto mas hábil y diestro se es en el manejo del martillo, mejor calidad de herraje podremos ofrecer al caballo. Con raras excepciones, el herrador se limita a realizar pequeñas modificaciones en las herraduras comerciales para adaptarlas a las necesidades puntuales del herraje que esté haciendo en ese momento. Esas pequeñas modificaciones serán las que vayamos describiendo en los diferentes casos que presentaremos en esta sección. Cambios de forma de las herraduras, extensiones o diversos trucos de forja de los que empleamos todos los días. No ofreceremos un curso de forja ni una demostración de habilidad, en principio porque yo no soy experto forjador. Es cierto que durante varios años, al comienzo de mi carrera, me forjaba todas las herraduras, pero eran herraduras toscas, destinadas a caballos y mulos de trabajo. Con la llegada de las herraduras mecánicas comerciales, provenientes de países europeos, abandonamos pronto el martillo pilón y el hierro proveniente del desguace de los barcos. Nuestro primer artículo: Como hacer una herradura de mano con dos pestañas a partir de una herradura de pie. Esperamos que os resulte de provecho, o cuando menos, interesante.
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En farriergabino.com estrenamos una nueva sección dedicada a la forja de las herraduras. En ella, y a través de tutoriales fotográficos mostraremos los diversos trabajos de forjado que el herrador realiza en su practica diaria. Tradicionalmente, los herradores se forjaban sus propias herraduras e incluso era corriente que combinaran el herrado de vacas, mulos y caballos con la fabricación y reparación de útiles de labranza. De ahí que la figura del herrero haya gozado de gran prestigio a lo largo de la historia. Su oficio, que dominaba los elementos de la naturaleza, fuego, agua y aire, le dotaron de un aura casi mágica. Por otra parte, su figura se hizo imprescindible en las comunidades agrícolas y ganaderas, pues de su arte y su trabajo dependían para poder sembrar los campos y manejar el ganado. No es de extrañar que cuando los primeros colonos americanos exponían sus calamidades al rey de Inglaterra, contasen como la peor de sus desdichas que se le hubiese muerto el herrero ¡!!