Clavo halladizo

hpim6619Las heridas incisas en los cascos se denominan genéricamente “clavo halladizo”,sea cual sea su origen. Esto se debe a que en tiempos pasados era bastante frecuente en las ciudades que los animales se clavasen en la palma las tachuelas conque los zapateros reforzaban las suelas del calzado humano. Los pinchazos con hierros, piedras y otros objetos punzantes, provocan lesiones en el interior del casco, que varían en forma y gravedad dependiendo de la profundidad a la que haya llegado y de la zona del casco en la que se produzca la herida. Las infecciones producidas por estos pinchazos suelen ser bastante graves y han de ser atajadas rápidamente, en previsión de que invadan las estructuras internas del pie, especialmente la bolsa navicular. En este, como en tantos casos, la colaboración del veterinario con el herrador se hace imprescindible.

 

 

 

En este caso, fui requerido por un veterinario para desbridar el casco de una yegua muy coja. Las radiografías habían revelado la presencia de un cuerpo radiopaco, presumiblemente un clavo de herrar, junto al hueso tejuelo. Se conjeturaba que la yegua, al arrancarse una herradura se había clavado uno de sus propios clavos en la palma y se le había roto dentro. El animal presenta una gran cojera con mucho pulso en sus cuartillas y apenas puede apoyarse en su mano. Para extraer el clavo y poder curar la herida, se debe de levantar el trozo de tapa que cubre el trayecto de la herida. Asimismo, una vez curada la herida, se debe de proceder a reconstruir el tejido corneo resecado. Esta es la misión del herrador en este caso: preparar el casco para que el veterinario pueda operar en el interior del pie.  

En la fotografía de portada vemos como a la primer pasada con la legra, limpiando el casco, se ha liberado una gran bolsa de gas y de pus negro y fétido. El color negruzco del pus nos dice que es materia cornea la que se esta atacando. Cuando las estructuras internas del pie están siendo atacadas, el pus se torna amarillo crema, e incluso verde.

 

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Una vez liberada la primer oleada de gas y pus, con la legra exploramos el orificio de entrada del cuerpo punzante. El clavo ha penetrado por la línea blanca hasta una profundidad desconocida y una dirección que se presume hacia el interior del pie. De confirmarse que se trata de un clavo de su propia herradura, podemos presumir que ha penetrado unos dos centímetros, profundidad suficiente para llegar a picar el hueso tejuelo. En la zona no hay mayores estructuras importantes. Las peores picaduras son en las lagunas de la ranilla, que esta justamente encima del tendón flexor y la bolsa del navicular.  

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Con la tenaza de corte de filos curvos, empezamos a quitar la muralla que cubre el trayecto del clavo. En este tipo de lesiones, se ha de ser tajante y no limitarse a abrir un agujero de drenaje. La exposición del trayecto del clavo al oxigeno y a los antibióticos  tópicos es la manera mas segura de atajar la infección. El miedo a desestabilizar el casco o a encarecer el coste de la cura debido a la posterior reconstrucción, ha sido nefasto para muchos caballos, que se han quedado cojos de por vida al extenderse la infección a la bolsa navicular.

 

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Ayudados por la legra de anillo, vamos descubriendo el trayecto del clavo. El pus mana de la herida a medida que vamos profundizando. Un buen drenaje es la mejor ayuda que podemos ofrecer al casco lesionado por un clavo halladizo. La yegua, extremadamente dócil y sufrida, ha soportado la operación en todo momento sin necesidad de sedación.

 

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Hemos llegado a un punto en que aparecen las laminillas que unen la tapa con el hueso tejuelo. El pus va socavando la unión de estas laminillas y las utiliza como un ascensor para subir hasta la corona y brotar en el rodete coronario.

 

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Las laminillas están vivas e irrigadas por capilares sanguíneos. La necrosis hace que desaparezca este riego sanguíneo. Por tanto, cuando se accede a la zona en donde ya no hay infección, aparece una pequeña hemorragia.

 

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Para eliminar la mayor cantidad de pus  posible y dejar la herida limpia, procedemos a lavar el interior de la cavidad con un chorro de agua oxigenada. Debajo del casco ponemos un papel de periódico o una servilleta, para recoger todo lo que sale de la herida y así, poder comprobar si sale el clavo que se ve en la radiografía. No aplicamos ningún tipo de cura, pues el veterinario pasara al día siguiente a curarla y no debemos de enmascarar ningún síntoma.

 

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Aspecto del pie apoyado en el suelo. El animal siente gran dolor en la zona y evita cargar peso con la región lateral del casco. En todo momento trata de pisar con el hombro interno, el punto del casco mas alejado de la región herida.

 

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Con las legras, tratamos de abrir una buena ventana para facilitar el trabajo del veterinario.

 

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La línea verde delimita la zona en que hemos eliminado toda la tapa y aparece la zona de las laminillas corneas. El veterinario tiene que profundizar en esa zona y buscar el clavo que se aloja junto al tejuelo. Es obvio que ha de sedar a la yegua y neurobloquear el casco para poder hacer la cura. Es una operación quirúrgica en toda regla.

 

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Aun nos queda un trocito que limpiar en el fondo de la ventana. Al llegar a este punto, y como ya rozamos tejido vivo y susceptible de infectarse aun mas, nos ponemos unos guantes de latex y limpiamos bien la legra de anillo. Bastante infección tiene la yegua como para que encima el herrador le añada un poquito mas. El tétanos esta siempre presente ¡!!

 

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Vamos raspando levemente la materia cornea que tapa las laminillas vivas, a la vez que secamos  con una gasa la sangre que mana de las laminillas heridas en la operación. En el punto en que esta la legra de anillo, aun hay cavidad por debajo, lo que indica la gravedad y profundidad a la que ha llegado el clavo.

 

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Y así es como presentamos el casco al veterinario. La zona, ampliamente desbridada le permitirá trabajar para buscar el clavo. Por otra parte, los tejidos lastimados no quedan aprisionados en un estuche corneo que les comprime y causa dolor. Los exudados de la herida pueden drenar al exterior y los medicamentos locales, mas efectivos que los antibióticos parenterales, llegan rápidamente  a la zona lesionada.

 

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El casco se envuelve en un pañal de bebé, que no es mas que una gran compresa de celulosa. El pañal es una forma practica y barata de proteger una herida en una extremidad del caballo.

 

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Y asi le presentamos el  animal al veterinario, que sin duda lo ha de  agradecer. A partir de aquí, es de su competencia. En las próximas semanas, una vez que la herida se haya curado y la región este lo suficientemente queratinizada, procederemos a reconstruir la zona resecada con una resina acrílica.  

La colaboración  y coordinación entre el veterinario y el herrador se hace indispensable en el mundo ecuestre actual. Generalmente el veterinario carece de la habilidad manual necesaria para manejar las herramientas destinadas a eliminar una tapa dura en un casco sano. Por eso recurre al profesional cualificado, un herrador competente, que con los conocimientos precisos de anatomía prepara el campo operatorio. De la colaboración y cooperación entre ambos profesionales, resulta una cura rápida y eficaz del problema del casco y de la salud general del caballo.