Cuarto y herradura de huevo

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   Algunos cuartos suelen aparecer sin que haya razón aparente para ello. En su inmensa mayoría, son producto del mal reparto de cargas originado por un aplomo o un herrado defectuoso. A veces tienen su origen en una laminitis crónica que desestabiliza el estuche corneo y provoca su rotura. Queda un pequeño porcentaje de cuartos de dudoso origen: el caballo esta bien aplomado, sus cascos no son de mala calidad, y sin embargo desarrolla un cuarto. Aun hay mucho que investigar sobre la etiología de los cuartos.

 

   En esta ocasión fuimos requeridos por un veterinario para tratar un cuarto en la cara interna de las manos de un valioso semental centroeuropeo. Tal y como muestra la fotografía se trata de un cuarto en toda regla, que naciendo en el rodete coronario desciende hasta el borde solar del casco. Curiosamente, el caballo no parece resentirse en absoluto ni muestra el menor signo de cojera.

 

 

 

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   En los casos en que hay problemas evidentes, pero no hay signos apremiantes como pueden ser dolor, cojera o infección, se debe de actuar con cautela. Pudiera ser que al intentar subsanar un problema, originásemos otro mayor aun. Cuando un caballo presenta un cuarto como el que nos ocupa, y el animal esta cojo, podemos y debemos actuar drásticamente. Podríamos decir que mas cojo de lo que le tenemos no le vamos a dejar. Pero si no muestra incomodidad  y somos agresivos en el tratamiento, podemos dejarle seriamente cojo.

 

   Un viejo herrador militar, el señor Domitilo, decía que cuando no se supiese exactamente que le ocurría al caballo, que se le herrase con una herradura de huevo y que esperásemos pacientemente, que no tardaría en mostrarnos que le ocurría. A lo largo de mi vida profesional he tenido varias ocasiones de comprobar la veracidad de este dicho y procuro llevarlo a la práctica cada vez que tengo ocasión.

 

   La herradura de huevo es sin duda el mejor método de estabilización de la pisada para el caballo. Muévase como se mueva, tenga el casco el defecto que tenga, en el ultimo momento de la pisada o cuando el caballo está parado, el casco siempre mantendrá  la posición a la que le obliga la herradura de huevo. Si aplomamos correctamente un casco y le herramos con una herradura de huevo, nos aseguramos que la mayor parte del tiempo ese casco mantendrá en el espacio la conformación que le hemos dado al aplomarlo.

 

   Los problemas en los cascos casi nunca vienen puros, es decir, no es una enfermedad única y bien definida, sino que una enfermedad primaria ocasiona problemas secundarios. Una laminitis subclínica o un síndrome de navicular por ejemplo, ocasionan deformidades en el casco que deben de ser descartadas. Si tratamos la deformidad sin haber identificado el problema original, no hacemos sino perpetuar el problema. La herradura de huevo, tiene como misión eliminar las secuelas para poder identificar el problema original. Si un caballo es herrado con herraduras de huevo, el casco retomara su forma original, dejando clara cual es la enfermedad o problema original.

 

   En el caso que nos ocupa, la herradura de huevo devolverá al caballo el aplomo correcto, a la vez que le proporciona un apoyo suficiente y regular. A veces pueden ser necesarios varios herrajes para desechar lo superfluo y reconocer lo fundamental. En este caso, pretendemos que el casco recupere en lo posible su forma mas natural, para que después podamos ver con claridad cual es la causa por la que le ha salido el cuarto.

 

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   Las herraduras de huevo se pueden fabricar a partir de una pletina lisa, constituyendo un buen ejercicio de forja, aunque lo mas normal es construirla a partir de una herradura de fabrica a la que se suelda la porción posterior. Algunas casas comercializan herraduras de huevo fabricadas por extrusión de una chapa de hierro. Como todas las herraduras hechizas, se deben de modificar para adaptarlas al casco, siendo el principal inconveniente de este tipo de herraduras. Aun así, en este caso hemos tenido suerte y una herradura comercial de huevo se adapta muy bien a la forma del casco. Esto nos facilita el trabajo, pues solamente habrá que modificarla ligeramente y extraerle las pestañas .Una de las ventajas de estas herraduras es que son delgadas, de seis mm de sección. Esto ayuda a que las ranillas puedan apoyar en el suelo, evitando así las secuelas de las plantillas y las almohadillas plantares.

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  Ya hemos herrado al caballo con las herraduras de huevo en las manos. Cuando los caballos están cojos, se les para hasta que se curan, pero cuando no tienen molestias, se hace mas difícil conseguir que los dueños dejen de entrenar o trabajar con ellos. Este caballo ha de seguir entrenando, pero la herradura de huevo nos ayudará a que al menos, los problemas que pueda tener no sigan avanzando.

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   Hemos rebajado el talón cuarteado, a fin de evitar que cargue peso. Decidimos no ser muy agresivos en la resección y limitarnos a suprimir el apoyo. Aun con todo, una pequeña laminilla ha sido alcanzada por la legra y se produce una hemorragia de poca importancia.

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  Vista inferior del pie ya herrado. La herradura de huevo se centra sobre la ranilla, que es tanto como centrarla sobre el hueso tejuelo. Esto hace que las cargas vayan reconsideradas hacia donde debieran ir, y no a la propia forma del casco, que puede estar deformada.

 

   La ranilla,.prominente y sana, apoya en el suelo y proporciona sustentación a las estructuras vivas del interior del pie, permitiendo el falseo del talón cuarteado.

 

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   Seis semanas después, vemos con satisfacción que ha bastado la estabilización del pie mediante la herradura de huevo, junto al falseo del talón cuarteado, para permitir la recuperación del casco. El rodete coronario produce un casco integro y el cuarto ira desapareciendo poco a poco. Hemos vuelto a herrar al caballo con herradura de huevo, aunque en esta ocasión ya hemos aumentado el rolling. En próximos herrajes determinaremos el herraje ideal para el caballo, a fin de que no vuelvan a reproducirse los problemas.

 

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Varios meses después,el cuarto ya es historia.