Despropósito

 

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De allende los mares nos llega esta fotografía. Se trata de un penoso ejemplo de cómo no se debe jamás de herrar un caballo. El operario, ha tomado una herradura demasiado pequeña y la ha clavado como ha podido al casco del animal. Después, ha recortado con una cuchilla el sobrante de la tapa. Sin duda, el caballo está cojo y dolorido. Seria milagroso que alguno de esos clavos no le hubiese afectado a las estructuras  vivas del interior del pie. 

 

En nuestro país, aun perteneciendo a la avanzada y vieja Europa, se siguen practicando herrajes parecidos, por parte de aficionados y herradores de nula profesionalidad. Estos ejemplos, nos hacen reflexionar acerca de la urgencia de regular un sector como es el del herraje. Un herrador examinado y aprobado por las autoridades competentes, jamás realizaría un herraje tan grosero como el que aquí se muestra. Los propios herradores, junto a los veterinarios, debieran  apremiar a las autoridades con el fin de obtener prontamente el reconocimiento y  la calificación de Herrador profesional. Los propietarios y jinetes, deben  de exigir para sus caballos un herraje de calidad, realizado por un herrador competente, dejando a un lado las consideraciones económicas, en las que el caballo es el principal perdedor.

En algunos países  europeos, esto se considera maltrato animal .El propietario del caballo y el “herrador”  pueden verse envueltos en un proceso contra la Ley de Protección animal.