El herraje tradicional español

  

                                                      Herrando a la española

 

A lo largo de su Historia, cada nación ha desarrollado un tipo de herraje acorde a las necesidades del servicio y de las características del terreno en donde prestaban servicio sus animales. Indudablemente, no requiere el mismo tipo de herradura un caballo pesado de las llanuras flamencas que un árabe de climas desérticos, como también es muy distinto herrar escuadrones de caballería con cientos de caballos, a herrar mulas y bueyes destinados a trabajar en el campo. De ahí la gran variedad de herraduras y herrajes que existen en cada país. Y todos ellos tienen una característica común, que han funcionado durante cientos de años, preservando los cascos de los animales, cultivando sus campos o llevando sus banderas por todo el mundo. Por tanto no podemos decir que el herraje de un determinado país sea mejor o peor que el de otro. Simplemente son distintos.

 

   En los últimos veinte años, gracias a la globalización y las nuevas tecnologías, se ha impuesto en el mundo del herraje, la técnica de herraje y las herraduras de los países sajones, especialmente de Inglaterra. Era algo lógico y previsible. De una parte, el hecho de que el propio herrador sujete los pies, supone un gran descanso para el propietario, que o bien sujeta el mismo las patas de su caballo o se ve obligado a pagar un herraje mas caro al necesitar un ayudante que se encargase de tal tarea. Por otra parte, las grandes multinacionales productoras de herraduras y clavos son de origen anglosajón, por lo que no debe de extrañar que fabricasen su tipo de herraduras y clavos, así como sus herramientas. Simplemente, el pez grande se comió al chico, y como decía el señor Domitilo, si los alemanes hubiesen ganado la guerra, hoy estaríamos herrando al estilo germánico.

 

   Pero esto no siempre fue así. A pesar de que prácticamente todos los herradores de España hierran al estilo inglés y se ejercitan en la forja de sus herraduras, no hace tanto tiempo que ese estilo de herraje era algo completamente exótico y desconocido en nuestro país. Aunque la mayoría de los herradores no conocen otro sistema, hasta hace algo mas de treinta años, en España se herraba de otra manera, ni mejor ni peor, el estilo de herrar español, o como se conoce en todo el mundo: "A la española"

 

   En nuestro país, la forma mas común de ingresar en el oficio de herrador acostumbraba a ser de dos maneras. O bien el nuevo herrador heredaba el oficio de su padre o de un familiar, o bien se aprende en el Ejercito. Aunque nosotros no contamos con la poderosa organización británica con respecto al herraje, no por ello era un oficio de práctica libre. Hasta no hace muchos años continuaba en vigor la reglamentación que establece que para ejercer de herrador se debe de contar con la anuencia y control del veterinario titular de la plaza. Y solamente se podía establecer un herradero nuevo si se proviene del Ejercito con licencia. Algo parecido a los permisos para una farmacia o un estanco de hoy día.

 

   Tal era el grado de control que se observaba sobre los herradores, y la importancia que se les daba, que el rey FelipeV  liberó de ir a la guerra   a los herradores que contasen con herrería  establecida. Así con todo, eran muchos los hijos segundos o terceros de los herradores establecidos que se incorporaban al ejercito en calidad de suboficial herrador, lo que les deparaba una profesión relativamente segura y sin grandes riesgos.          Algunos de ellos, tras permanecer varios años en la milicia, regresaban licenciados a sus lugares de origen, en donde establecían su propia herrería.Con este sistema de acceso a la profesión, era inevitable la fusión de los estilos de herrar civil y militar. De hecho, solían prevalecer los estilos militares de herraje para los caballos de silla, al ser un herraje mas cuidadoso, coincidiendo también con el hecho de que solamente los mas pudientes tienen acceso a este tipo de caballos. Esto mismo fue el origen de la unificación del estilo de herraje en toda la península, lo que hizo que se herrase del mismo modo y con el mismo tipo de herraduras a caballos de geografías y climas tan distintos como las marismas de  Huelva, los prados asturianos y el seco clima de Albacete. Por otra parte, la falta de deportes a nivel nacional en los que el caballo era protagonista, evitó que se introdujeran herraduras especificas como ocurre en otros paises. En Inglaterra e Irlanda, el deporte de la caza del zorro determinó no solamente la raza de ciertos caballos (Hunter) sino que fue el promotor del estilo universal de herrado actual: la herradura truncada de lumbres con dos pestañas laterales.

 

   La técnica del herraje tradicional español  es la mas antigua y la mas extendida por el mundo, producto de nuestro glorioso pasado colonial. Un ayudante sujeta las patas del caballo en tanto que el maestro herrador ejecuta las acciones propias del herrado. El aprendiz se encarga de los trabajos mas simples de acuerdo a su grado de formación, hasta que comienza a clavar las herraduras, momento este en que ya pasa a denominarse oficial y se considera "herrador".Debido a su origen militar, no concuerda mucho que el herrador sujete las patas y hierre a la vez, habiendo soldados desocupados. Es por esto que algunos autores sostienen que, al revés que en España y otros países, el herrado militar en Inglaterra  se nutria de herradores civiles, que han aprendido sin ayudante.

 

Herradura vizcaina de talón sencilo en el pie de un bretón.Talla nº 10.

 

   Las herramientas utilizadas son las adecuadas para el tipo de caballo y el tipo de casco que poseen los animales que van a ser herrados. En tanto que en los países de climas suaves y lluviosos los cascos permanecen blandos, la escofina y la legra tienen su razón, pero para países de clima mediterráneo, con veranos secos y calurosos, los cascos se tornan secos y duros como piedras. Esto lo sabe todo aquel que hierra caballos en cualquiera de las dos Castillas o Andalucía en verano.

 

   El casco se trabaja básicamente con la cuchilla y un mazo de madera redondo. Con estas herramientas se elimina la suela muerta y petrificada. Las cuchillas, hechas generalmente a partir de una escofina vieja, tienen un filo en cada extremo. Uno muy cortante para el casco y otro mas tosco para cortar los remaches viejos.

 

   La muralla se corta bien con la cuchilla o bien con las tenazas de corte. Era mas frecuente que los herradores de ciudad, con mejores posibles económicos, tuviesen tenazas de corte, en tanto que los herradores de campo utilizasen la cuchilla también para la muralla.

 

   La ranilla se saneaba con la cuchilla o con la oreja del pujavante. Se recomendaba eliminar mucho la ranilla. No existía la legra tal y como la conocemos hoy día. De hecho, las legras inglesas (knife) se conocen como "cuchillo inglés" y se utilizaban tan solo en la prospección de abscesos y accidentes del casco.

 

Pujavante español fabricado a partir de una hoja de garlopa de carpintero.

  

La "herramienta estrella" del herrado tradicional español es sin duda el pujavante. Hay varios modelos; el español tiene en su hoja doblada en ángulo recto por los laterales, lo que sirve de contrafuerte a hojas mas delgadas y por tanto mas cortantes. Además, estas esquinas u orejas no permiten que se pueda escapar lateralmente la hoja y producir un corte. El pujavante francés se utiliza con una mano y ha de apoyarse el casco sobre un taco de madera. El pujavante húngaro consta de dos hojas que actúan al modo de un cepillo de carpintero, que solamente permite sacar virutas al casco de cierto grosor.

 

   Con el pujavante se elimina el exceso de palma hasta dejar el casco bien plano. Una vez conseguido esto, se le da la vuelta para excavar el hueco de la palma. Es una herramienta que no es difícil de manejar, pero requiere bastante práctica y que alguien sujete las patas. Es por esto por lo que ha caído en el olvido, aunque aun puede prestar buenos servicios al herrador moderno, especialmente en animales pequeños que no podemos sujetar por nosotros mismos.

 

   El martillo o martillejo español no tiene uñas para sacar los clavos o cortarlos. Se utiliza para clavar los clavos y para remachar. Tradicionalmente, se utiliza el clavo tipo A que es de espiga gruesa y posee una gran cabeza que sobresale del la clavera, proporcionando tracción al animal. Esta espiga es demasiado gruesa y dura para cortarla con el martillo   tal y como hacemos hoy.

 

   No existe tas de remachar ni tenaza de cocodrilo. El clavo se remacha a golpes de martillejo y apoyando la tenaza de desherrar, mas fuerte y basta que la de corte, bajo el remache. No se embuten los remaches en la tapa, quedando sobresalientes de la muralla. También se utilizan el martillejo y la tenaza de remachar a modo de sufridera para doblar los callos de la herraduras vizcaínas sobre el talón.

 

   La escofina se utiliza tan solo para escofinar el sobrante de las lumbres. Este exceso se recorta con la cuchilla y el mazo y se le pasa la escofina ligeramente. No se utiliza ni para limar los remaches ni para la palma. Hay que notar que las escofinas no tenían la calidad y la forma del diente de las que se fabrican hoy  para los herradores. Solían ser escofinas de carpintero sin mango. Duraban años en manos del herrador y cuando se sustituyen, se aprovechaban para fabricar las cuchillas.

 

   El mandil suele ser el mismo que de herrero, es decir, un paño de piel que cubre desde el pecho a las rodillas. La introducción de los modernos mandiles de herrar es muy reciente y debido a la adopción del método de sujeción inglés, que obliga a tomar las manos del caballo entre las rodillas del herrador.

 

   No existen los posapiés tal  y como los conocemos  hoy. Se utilizaba un trepiés o borriquillo de madera en contadas ocasiones, sobre todo en los herraderos de las ciudades.

 

   Las herramientas se transportaban en un cesto, cubo o esportillo, no conociéndose para nada las cajas de madera propias de los ingleses .En campaña militar, el herrador las porta en unas alforjas especiales, en tanto que las herraduras y clavos son transportados por una acémila.

 

   La mayor parte de los herrajes se practican en frío, aunque en las ciudades, por influjo de los visitantes, sin duda, se practicaba el herraje a fuego en muchos casos. En el campo, se herraba a fuego solo para poder rebajar mediante la herradura caliente los cascos petrificados de los animales. En los pueblos, era muy común que los herradores se desplacen a otros pueblos donde no hay herrador ni fragua, por lo que los herrajes se hacían todos en frío. Recuerdo que otro anciano herrador de la Unidad de Equitación y Remonta, el señor Calvo (qepd) me contaba que cuando el era un joven herrador al servicio de su padre, muchos días se levantaba a las cuatro de la mañana, aparejaba la mula con un pequeño yunque llamado tas (el stalljack moderno) y se iba a un pueblo a diez o quince kilómetros para herrar ocho o diez parejas de mulas en el dia. Y su hermano, mas ducho en el herraje de bueyes, hacia lo mismo, llegando a herrar  16 bueyes en un día de trabajo. Este ritmo de trabajo nos da también una idea del poco cuidado que se ponía en el herraje, convirtiéndose este ultimo en un mero acto de clavar herraduras.

 

Herraduras mulares vizcainas de talón sencillo.Izquierda,mano.Derecha,pie.

  

Solamente se forjan tres tipos de herradura, a saber, de mano de caballo, de mano de mula y de pata de cabra o cortadillo. La herradura de pata de cabra es una herradura con las lumbres apuntadas, que sirve tanto para caballar como para mular. Las herraduras de los burros tan solo difieren de las de mula en el menor tamaño. Las herraduras de mano, tanto de caballo como de mula, pueden ser, referente a su grosor y anchura, vizcaínas, de ramas estrechas y gruesas o castellanas, delgadas y anchas.

 

   Curiosamente, a pesar de la simplicidad en los tres tipos de herraduras. se manejaban diferencias entre herraduras izquierdas y derechas. La rama externa, mas ancha y con el callo mas cuadrado, en tanto que la interna se iba adelgazando a medida que se acerca al callo. Asimismo la rama exterior es mas redondeada y larga que la interna, mas corta y recta. Cabe citar la particularidad de unas herraduras de pie de mulo llamadas provenzales o catalanas, cuya rama interna era totalmente recta.

 

   Las claveras, grandes y profundas, de acuerdo al clavo utilizado se reparten por las lumbres y las ramas en las herraduras de mano, en tanto se sitúan en las ramas en las de pie. La ultima clavera siempre por detrás del punto mas ancho del casco. En la rama externa suelen ir mas carniceras que en la interna, que se colocan mas someras. No se conocían ni utilizaban las ranuras en la tabla inferior, pues los clavos se podían sacar perfectamente con las tenazas y la gran cabeza de los mismos hacia inútil la función de agarre de la ranura. De hecho, se consideraba llegado el momento de herrar al caballo cuando se desgastaban las cabezas prominentes de los clavos y estos quedaban a ras de la herradura.

Pie herrado con ramplón lateral y medial sencillo

  

La justura, siempre del tipo francesa, tan exagerada en algunos casos que hoy día se puede calificar de "rocker",con toda la tabla de la herradura levantándose desde los hombros hasta las lumbres. La herradura de fondo de barco o de mecedora, con la cara inferior curvada, puede considerarse una predecesora de la herradura de banana. Del mismo modo, un tipo de herraduras de lumbres rectas, llamadas de cuadradillo o chamorro pueden considerarse las abuelas de las natural balance.

 

   En general, a toda la herradura se le practicaba un abombamiento por su canto interno, para que quedase un par de milímetros mas bajo que el externo, lo que se conoce como justura inglesa. Este abombamiento era necesario para evitar que la herradura se sentase en un solo punto, lo que hace cojear al animal. La precariedad de la forja de las herraduras como la preparación del casco hacia frecuente este accidente del herraje. En algunas ocasiones, el abombamiento era tan pronunciado que las primeras semanas el animal tan solo apoyaba en el canto interno de la herradura, actuando el plano inclinado del resto de  la herradura como una especie de full rolling o rock and roll primitivo.

 

   Las pestañas fueron poco utilizadas y cuando se forjaban, eran pestañas anchas y bajas, que casi nunca sobrepasaban el grueso de la herradura. Las pestañas altas que utilizamos hoy día son propias del herraje inglés. Como norma general se coloca una sola pestaña en las lumbres, quedando el uso de pestañas laterales relegado a casos patológicos o a animales con la costumbre de dar patadas en las paredes.

 

   Se conocían las herraduras cerradas por detrás, llamadas de boca de cántaro, aunque poco utilizadas. Las plantillas, de cuero siempre, se colocaban únicamente como apósito curativo, estando este último reducido a la aplicación de estopadas de pez de trementina como curalotodo para todos los problemas del casco. También se aplicaban grasas de caballo y cerdo a la pared del casco, al uso de las modernas pomadas de cascos. La pez de trementina, el moderno alquitrán de Noruega, se utilizaba como sellador en cascos muy duros, y el aceite de chinibro o enebro, único remedio para aplicar en cuartos y razas.

 

Herradura vizcaina de talón sencillo para mano de caballo.

   Pero lo que verdaderamente distingue al herrado tradicional español sobre el practicado en otros países es la forja de los talones de la herradura (candados),de la que se practicaban muchas variedades, de acuerdo al material empleado y al genero de servicio de los animales. En este articulo mostraremos los mas conocidos y utilizados. No son,en general, sofisticados trabajos de forja, sino algo funcional, como probablemente fuesen todos los talones de todos los países, cumplían su misión, que era la de proteger la región posterior del casco de los accidentes del suelo y de proporcionar agarre y sujeción en el suelo.

 

   Atendiendo a su forma, podían ser redondos o de punta roma. La punta siempre coincide en el centro de la tabla, con una excepción, el llamado  candado catalán, que se caracteriza por tener la punta en el lado externo, probablemente por influencia italiana, donde era muy común este tipo de terminación. Atendiendo a su grosor, podían ser sencillos, tendidos, dobles y entalonados. Los ramplones eran cuadrados o de cuña .

 

Callo realizado con el descallador o tajadera en V.

  

En las ultimas décadas del pasado siglo, y por influencia inglesa, se pusieron de moda los talones de descalle, que se hacían con la tajadera en forma de V en el yunque, quedando una terminación agradable a la vista y fácil de realizar.

 

   Vayamos a los ejemplos prácticos. Aunque se utilizaban postas o pletinas de muchas medidas y grosores, la revolución industrial trajo consigo la uniformidad del material empleado, al utilizarse el hierro del desguace de los barcos, mas barato que el hierro nuevo, y que las casas comerciales surtían en gruesos de 8 y 10 mm en un ancho de 20,22 ó 25 mm. Nosotros utilizaremos este mismo material en una sección de 22×8,la mas utilizada para caballos y mulos.

 

 

   Talón redondo y sencillo, utilizado en zonas llanas de campo, donde los animales se mueven por caminos de tierra. El mas fácil y sencillo de forjar, pues basta remeter las esquinas de la posta.

 

 

   Vista lateral del talón redondo  en doble.

 

 

 La doblez se obtiene  a partir del propio callo, que una vez doblado sobre si mismo proporciona un ramplón redondo y muy bajo.

 

 

 Dependiendo de la habilidad del herrador, podía ir soldado o se le practicaba una clavera donde se introducía un remache en forma de clavo, que además de sujetar el talón doble proporcionaba un gran agarre.

 

   Talón de punta roma o vizcaíno. A partir de la ultima clavera el talón se va adelgazando en forma de cuña hasta la mitad de su sección. La punta coincide en el centro de la tabla y el la línea de prolongación de las claveras.

 

 

   Vista lateral del talón vizcaíno en sencillo.El sencillo, adelgazado en forma de cuña era muy utilizado en mulas y caballos que caminaban por caminos de montaña pedregosos. También se utilizó en los herrajes de las mulas de las minas y dedicadas a acarrear madera desde los montes. El talón adelgazado permite, una vez clavada la herradura redoblarlo sobre el casco, utilizando el martillejo y la tenaza de desherrar como sufridera. Práctica nefasta para el casco, pero necesaria en ambientes y circunstancias donde un animal no puede permitirse el lujo de perder una herradura durante la jornada laboral.

El talón vizcaíno tendido permite ajustar lateralmente la herradura al casco prolongando un poco mas la vida de la herradura de talón adelgazado.

 

   Vista lateral del talón vizcaíno en doble.El talón doble alargaba la vida útil de la herradura. Era mas caro, porque hay que remeter la punta de la pletina antes de forjarlo, lo que significaba mas trabajo y mas peso en hierro( las herraduras se vendían al peso).

 

El talón entalonado extendía el grueso del talón con una especie de pestaña, destinada a proteger aun mas los talones de las piedras del camino y daba la impresión de que el animal tenia mucho mas talón. Se utilizaba en animales muy bajos de talón que se hacían daño en los bulbos contra el suelo pedregoso.

 

Vista lateral del talon vizcaino entalonado.

 

   Las herraduras con candados catalanes se caracterizaban porque al forjarlos, todos los golpes se daban del mismo lado, obteniendo así dos efectos. De una parte, al llevar toda la inclinación en el canto interno, apenas interfieren con la ranilla y de otra, el talón forma un plano inclinado de adentro afuera-

 

Vista la teral del talón catalán,con su caracteristico plano inclinado hacia afuera.

 Este plano inclinado puede dejarse hacia la parte que contacta con el casco, pretendiendo que los talones se abriesen por su propio peso, o dejarlo hacia el suelo regruesando la herradura. Se utilizaba en animales de talones encastillados y proviene de Italia, donde era muy popular. Probablemente fue introducido por los tercios españoles que conquistaron Italia en el siglo XV.

 

   Los ramplones pueden ser cuadrados o redondos, siendo los primeros los mas utilizados por una razón de economía de trabajo, bastando en la mayor parte de los casos en doblar la pletina y rebatir después hasta la altura deseada. Dependiendo de la habilidad del herrador eran mas o menos vistosos y trabajados, pero sin llegar al perfeccionismo de los caulkin ingleses. Siempre van centrados en la tabla de la herradura y orientados en su misma dirección. Aunque en muchos casos se hacen ramplones en ambas ramas de la herradura, el peligro que suponen los alcances en los talones internos obligaba a ponerlos solamente en la rama externa, dejando la interna en tendido o entalonado.

Herradura española de pie,con ramplón cuadrado en el callo externo y de cuña en el interno.Muy utilizada en el Ejército Español hasta los años 80 del pasado siglo.

  

Influenciados por los ingleses, se utilizaron en muchas ocasiones herraduras de ramplón y cuña, a semejanza de las herraduras caulk and wedge .La cuña de talón interno permite ajustar mucho la herradura al casco en caballos que se hacen daño o se deshierran con la herradura contraria. Se diferencia de la herradura con talón vizcaína en que la cuña es progresiva desde el hombro, en tanto que los talones de punta roma o vizcaínos se forman a partir del ultimo clavo.

 

 

   En la fotografía se aprecia como el talón interno, forjado en doble, alcanza casi toda la totalidad de la altura del ramplón.

 

   Y como colofón a este recuerdo sobre el herraje tradicional español, una reflexión. No cabe duda de que la adopción del método de herraje ingles, en que el herrador sujeta los pies del caballo sin necesidad de ayudante supuso una liberación para el propietario aunque ello signifique un menoscabo importante para el estatus y la salud del herrador. Por otra parte, la comodidad de que sea el herrador quien se desplace hasta la casa del propietario, encarece el herraje ostensiblemente. Personalmente, tengo calculado que si en lugar de ir yo a casa del cliente, viniese el caballo a mi fragua como se hacia antes, podría herrar el caballo por la mitad del dinero y aun seria mayor mi ganancia.

 

   Aun con todo, si tengo que aconsejar a un herrador novel, no dudaría en recomendarle el herraje inglés, tanto por la técnica de herraje como por las herraduras. Ahora bien, eso no supone bajo ningún concepto que el herrado tradicional español, francés o alemán sean de menor calidad sean de menor calidad o sean malos, como he oído decir en alguna ocasión. Son herrajes malos si están mal aplicados y son excelentes cuando están bien ejecutados. No hay mas que decir que a lo largo de nuestra Historia, millones de caballos han trabajado toda su vida herrados con este método y no por ello estaban mas cojos que los caballos ingleses o americanos. Incluso hoy día, a pesar de tanta reglamentación, no hay constancia de que los caballos ingleses cojeen menos que los españoles, franceses o alemanes.

 

   Es muy probable, que si los Estados Unidos hubiesen sido colonizados por españoles, hoy día primarían en el mercado las herramientas propias de este herraje, y las fabricas lanzarían modelos de herraduras vizcaínas y pujavantes. Y en los concursos de herradores, la herradura estrella fuese una herradura de pata de cabra de cuña y talón, que lo mismo sirve para un caballo que para una mula. Y estoy seguro de que si los aficionados y profesionales españoles de los concursos de forja se lo propusieran, podrían hacerse verdaderas obras de arte con las herraduras propias de nuestro estilo tradicional de herraje.

 

   Es lógico que un estilo de herraje muera y se vea desplazado por otro, lo mismo que las lenguas prevalecen sobre otras de acuerdo al signo político de los tiempos. Y es lógico también pensar que los herradores deben de adaptarse a las exigencias del mercado y adaptarse a nuevos métodos, herramientas y herraduras, pero ello no es óbice para olvidar el impresionante legado que nos dejaron tantos y tantos herradores civiles y militares que han herrado caballos en España durante  los últimos 1300 años.