Fabricar una legra

 

La profesión de herrador estuvo siempre tan ligada al oficio de herrero que en realidad fueron una sola. El herrero del pueblo, además de fabricar y arreglar todo tipo de herramientas, era el encargado de herrar y curar a los animales de labor. El dominio de los elementos, fuego, agua y hierro, le confería un aura de misticismo, rayano en la hechicería. Su importancia para la población rural era tal que incluso estaban exentos de ir a la guerra.

Aunque hoy día son profesiones totalmente distintas, aun comparten muchos aspectos, siendo uno de ellos el de la fabricación de herramientas. El herrador, además de los conocimientos necesarios para forjar herraduras, era capaz de fabricarse sus propias herramientas. Aunque en los últimos años esto es inusual, gracias al empuje de los concursos de forja, se está recuperando la afición por hacerse uno mismo algunas de las herramientas.

En este articulo vamos a explicar como se fabrica una legra abierta. La forja y enmangado de esta legra nos servirá como base para compartir unos conocimientos acerca de la forja y el templado del acero.

 

La forja del acero no es ningún secreto ni ningún ritual mágico. Cuando un antiguo herrero no quiere contar su técnica de templar, es porque o bien no la tiene o porque no sabe explicarla. Todo es cuestión de adquirir el conocimiento necesario y llevarlo después a la práctica. Obviamente, no disponemos de la fragua y el taller, así que solo mostraremos cosas que se pueden hacer en nuestra furgoneta de herrador ambulante.

Básicamente, el acero es una mezcla de hierro y carbono. El carbono esta presente en forma de carburo de hierro, también llamado perlita. A mas concentración de perlita, mayor es la dureza del acero. Los aceros que solo son hierro y perlita se llaman aceros al carbono. Otros aceros contienen aleaciones de metales variados que les confieren otras propiedades, pero que no nos interesan. El acero comercial con una concentración próxima al 3% de carbono se llama acero de herramienta. Este acero permite ser templado en una fragua de carbón o gas. Los que tienen otros elementos necesitan hornos y procedimientos especiales, asi que no nos sirven.

Con acero de herramienta se fabrican desde un pico y una pala hasta una escofina o un ranurador. Es el mas común y por eso, también el mas reciclable. Así, podemos hacer casi cualquier cosa a partir de casi cualquier otra herramienta. Obviamente, hay calidades y calidades de los aceros de herramienta, como todas las cosas.

 

 

Así, para fabricar nuestra legra, utilizaremos una escofina vieja. Cortamos una tira de un centímetro de ancha y unos diez centímetros de longitud, bien con la tajadera o con la radial. Forjamos para reducir el grueso de la escofina hasta dos milímetros mas o menos, que será el grueso de la legra.

El acero se forja a temperatura media, un rojo intenso o amarillo incipiente. No debe de estar muy caliente, pues pierde propiedades. Tampoco, y es peor, se debe de trabajar en frío, pues se forman grietas (pelos) que le quitaran resistencia.

Cuanto mas se forje, es decir, cuantos mas golpes se le den, mas se aprieta el grano del material y mas duro y resistente se vuelve el acero. Por eso se forjan las herramientas a partir de otra pieza mas gruesa. Si recortamos una lamina delgada, no tiene nunca la misma calidad que si se estira una pieza gruesa. Baste recordar que las katanas japonesas y espadas toledanas se forjan y se estiran una y otra vez hasta conseguir cientos de capas en el interior del material.

En la foto ya podemos ver la proforma de la legra. Desde el centro hacia la izquierda, ya se ha adelgazado en forma de cuña, para lo que será el filo de la misma. No deben de preocuparnos las marcas de los dientes de la escofina, que con el martilleo posterior se quedaran fundidos en el material.

 

 

En esta foto vemos la pletina de acero que hemos conseguido comparada con una legra comercial. Las legras se venden en una infinidad de modelos, para que cada uno se acoja al que mas le guste o le convenga. La fabricación de una legra es algo muy personal y el herrador buscar hacerla a razón de sus preferencias. Se supone que cuando un herrador se decide a fabricarse sus legras, ya ha gastado las suficientes para saber como quiere la suya. Unos la quieren mas larga, otros mas curvada, etc.

 

La pletina se deja enfriar y se remata con la amoladora o la lijadora. Se calienta de nuevo y se le da la curvatura deseada, según los gustos de cada uno. Con una alicate de puntas redondas se curva la punta a gusto de cada uno. La curva de la punta no tiene mas misión que evitar que se hunda la misma en el casco, asi que conque este ligeramente curvada ya es suficiente.

 

 

Así es nuestra legra ya doblada. A mi me gustan largas y bastante rectas, para que me permitan cortar en el centro de la palma sin tener que levantar mucho el mango. Y la curva la prefiero toda cerca del mango para poder hacer mas fuerza cuando estoy cortando las barras.

 

 

Vemos la comparación con una legra Double S, que es una legra de muy buena calidad. Nuestra legra podría decirse que es una talla mayor. Se puede ver que la porción correspondiente al mango, es mas larga, por lo que tendremos que cortar hasta la medida necesaria. Como vamos a utilizar un mango de una legra vieja, cortamos, adaptamos y abrimos un par de agujeros. El material de la escofina esta blando y se deja taladrar con facilidad. No seria lo mismo si ya estuviese templado.

 

 

Ya tenemos la hoja adaptada al mango. Ahora vamos a templar el acero. Podréis ver que no es ningún misterio ni ningún secreto reservado a iniciados. Es bastante simple cuando se sabe hacer.

Primero tenemos que recordar algunas nociones. El hierro y el carburo de hierro, la perlita, no son muy amigos y no gustan de mezclarse mucho. Digamos que la perlita son burbujas que flotan en el hierro. Cuando se calienta, estas burbujas se reparten por igual por todo el hierro y cuanto mas repartidas estén y mas pequeñas sean, mas resistente es el acero. Cuando se enfría, las burbujas tienden a aglutinarse y hacen burbujas grandes con mucho hierro entre ellas, lo que vuelve blando al material. Cuando se caliente un acero y se deja enfriar despacio se vuelve blando, como nuestra legra. Es lo que se llama recocido y es necesario para eliminar tensiones dentro del material. Por eso hay que calentar las herraduras para reutilizarlas. Hay que recocerlas para volverlas blandas de nuevo.

Si cuando tenemos el acero caliente con toda las burbujas de perlita bien repartidas lo enfriamos rápidamente en agua o aceite, las burbujas no pueden reagruparse, quedan repartidas y esto le confiere al acero la dureza característica. Pero, atención, el acero se queda muy duro, pero muy fragil. Si a nuestra legra le damos un martillazo, es probable que se rompa como un cristal.

Hemos calentado la legra a un color rojo cereza, no muy claro y la hemos sumergido rápidamente en aceite. Al enfriar, se ha templado. Hoy día se utiliza aceite mineral, pero se puede utilizar cualquier grasa, incluso animal. Antiguamente se templaba con manteca de cerdo o aceite de ballena. Como en nuestra furgoneta no tenemos aceite mineral, pues hemos utilizado el bote de grasa de cascos, que al fin y al cabo no es mas que vaselina mineral. El acero no absorbe ninguna propiedad. Se usa aceite para templar las herramientas de corte porque no hay tanto peligro a que se contraigan y deformen como si lo hiciésemos en agua.

 

 

Nuestra legra es ahora mismo muy dura, pero muy frágil. No nos sirve. Tenemos que conseguir que además de ser dura, sea tenaz, es decir, flexible y resistente. Esto se consigue con una operación que se llama revenido. Con el revenido conseguimos que el núcleo de la legra siga siendo muy duro, pero su superficie sea mas blanda. Este equilibrio entre lo duro y lo blando es lo que permite que corte bien y no se rompa.

Quienes han visto a los herreros antiguos templar, saben que se busca que aparezcan colores distintos en el acero, colores que nos dan una idea de la idoneidad del material. Estos colores aparecen por la acción del calor externo (la propia fragua o un soplete) o bien por el calor residual del resto de la pieza.

Una vez limpiado toda la grasa, con la lijadora obtenemos una superficie fresca del material. A continuación cogemos la legra con la tenaza y la metemos en el horno y la sacamos repetidamente para que vaya calentándose progresivamente. Vemos que pronto aparecen colores en el metal brillante. Primero aparece un color parecido al amarillo pajizo, después se torna marrón y mas tarde un color azulado. Cuando el acero toma este color azulado, es que tiene la temperatura mas propicia para conseguir este equilibrio entre lo duro del núcleo y lo blando de la superficie. Cuando vemos que toda la hoja ha tomado el color azulado, sumergimos en agua para enfriar. Ya tenemos la legra templada y revenida.

En la foto podemos ver en la punta del mango, por donde estaba cogida con la tenaza los tres colores. Como no ha calentado lo suficiente, en la punta esta de ese color entre crema y amarillo para a continuación ponerse marrón y después azul que se va extendiendo por todo el resto de la legra.

 

 

Ya esta lista la legra para enmangar y afilar. Como hemos dicho anteriormente, utilizaremos el mango de una legra desgastada. La posición de la legra en el mango ha de ser calculada de acuerdo a los gustos y preferencias de cada herrador. Una vez la tenemos colocada en el punto de nuestro gusto es cuando marcamos y hacemos los agujeros en la legra .(Antes de templar, después seria muy difícil)

 

 

Los remaches pueden hacerse de cualquier material. Yo he utilizado los remaches de aluminio de sujetar las tapas a las herraduras.

 

 

Entre el mango y la hoja queda un espacio vacío. Ese se rellena de algún pegamento que ayudan a consolidar y reforzar la acción de los remaches. Yo lo he hecho con resina Equilox.

 

 

Una vez seca la resina, lijamos el sobrante y adaptamos la unión de la madera y al acero a nuestros gustos. Ya tenemos la legra lista para afilar y para usar.

El afilado de la legra es una operación que, si no es dificultosa, requiere de cierta habilidad. Como a todas las herramientas nuevas, es necesario “romper” el corte, es decir, sacarles el filo. Si disponemos de una lijadora de banda estrecha para afilar legras, facilita mucho el trabajo. Si no, también se pueden utilizar los discos de caucho esmeril y el disco de tela untado de arcilla abrasiva.

No tengo en mi furgoneta la maquina de afilar legras, así que se la he regalado a mi amigo JcFarrier (jcfarrier.com) para que la afile y me cuente como ha quedado. Doy por supuesto que ha quedado bien, pues como decíamos arriba, el material de la escofina es bueno y la técnica no es demasiado complicada. Espero que este articulo sirva para animar a los herradores a forjar algunas de sus herramientas, y que no se desanimen porque el los primeros intentos no salgan perfectas. No debemos de olvidar nunca que no se trata de imitar a las herramientas comerciales, sino fabricar herramientas al estilo propio de cada uno. Hacer una legra y cuando se prueba en el casco comprobar que corta como una navaja barbera es una sensación que no tiene precio.

 

 

 

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