Flexibilidad vertical del casco.

Desde hace muchos años se conocen las deformaciones que sufre el casco para adaptarse al peso que recibe en la pisada. Los albéitares antiguos no sabían de resinas acrílicas ni de radiografías, pero eran expertos en Anatomía y en Fisiología. Con palabras quizás distintas a las de hoy día, describieron a la perfección los distintos movimientos del estuche córneo. Cuando un caballo carga peso, se producen deformaciones, cuando libera el peso el casco retorna a su forma natural.

Estos movimientos son;

-La palma desciende hasta que la ranilla toca el suelo.
-Los talones se expanden horizontalmente varios milímetros, especialmente desde el punto mas ancho del casco hacia atrás, siendo prácticamente despreciable el movimiento desde el punto mas ancho hacia las lumbres.
-El rodete coronario se pliega hacia el interior aumentando su curvatura.
-Las lumbres del casco se doblan hacia el interior.
-En las cuartas partes, a la par que todo el casco se desplaza hacia fuera, la corona exagera el movimiento hacia el exterior, en tanto que la muralla se pliega hacia adentro.

Además, el casco tiene otro movimiento vertical de los talones unilateral, es decir, cuando un caballo pisa una piedra con uno de los talones, este se eleva en tanto el otro desciende a buscar el suelo. Es el movimiento vertical de los talones. Es un movimiento natural y necesario para el buen funcionamiento del pie del caballo.

La amplitud de estos movimientos viene determinada por la elasticidad de la muralla y de los órganos que contiene. Así, en los movimientos horizontales, los cascos verticales se expanden menos que los inclinados, los cascos de muralla gruesa se deforman menos que los delgados y los cascos pequeños se deforman menos que los grandes.

Asimismo, los movimientos verticales están altamente influenciados por la elasticidad de la almohadilla plantar y el tejido conectivo que une ambos talones. Así, los cascos anchos tienen mas movilidad vertical en los talones que los estrechos.

Todos estos movimientos son naturales cuando el casco y el pie están sanos. Cuando hay una enfermedad o un problema, estos movimientos pueden verse disminuidos o exagerados, siendo tan perjudiciales y nocivos para la salud del caballo tanto unos como otros.

   En este artículo trataremos únicamente los movimientos de flexibilidad vertical de los talones. No es nuestra intención entrar en debates sesgados por ideologías mas allá de la mera descripción de hechos basados en la evidencia.

Dos son las causas principales por las que un caballo descalzo cojea cuando se le exige más de lo que sus cascos pueden resistir:

-Desgaste de la muralla en la zona anterior de las lumbres y hombros. El casco y la palma se desgastan hasta que llega un momento que no pueden proteger al tejido vivo subyacente. Es el clásico aspeo o despeadura.

-Los talones desarrollan un movimiento vertical exagerado que desgarra el tejido conectivo que forma el puente de unión entre ambos.
Un caballo sano es capaz de soportar todo su peso sobre uno de los talones durante el breve espacio de tiempo que dura un paso. Cuando la situación no es normal, el caballo se siente incomodo o dolorido cuando descarga su peso sobre un solo talón. Hay dos circunstancias principales por las que un caballo no puede soportar el peso sobre un solo talón:

-Cuando el caballo incrementa su peso por la simple razón de cargar un jinete o un fardo, la presión sobre un solo talón aumenta y el tejido conectivo que une los talones se ve sobreesforzado. Se produce molestia al principio, dolor a continuación y cojera a la postre. Es la típica situación en que el caballo descalzo se queda cojo por trabajar y al levantar sus pies vemos que aun tiene muralla sobrante en las lumbres.

-El tejido conectivo que une ambos talones ya esta dañado con anterioridad por enfermedad de la región posterior del casco, lo que se conoce como “Síndrome de los talones desgarrados”.Un caballo con este problema, en que los talones se mueven independientemente entre si, padece grandes molestias cuando carga peso sobre uno solo de sus talones. Asimismo, los caballos con talones a distinta altura uno de otro mantienen el tejido conectivo dañado en mayor o menor grado, siendo este daño menor en caballos que por conformación de base estrecha tienen los cascos inclinados lateralmente y mayor el daño cuando la conformación defectuosa es adquirida. Así, los potros que son estrechos de pecho tienen los talones a distinta altura pero mantienen una región posterior del casco sana y firme, en tanto los que son izquierdos o estevados por mala gestión del casco (largos o mal herrados) tienen el tejido conectivo dañado y enfermo,

 

La herradura como elemento corrector de movimientos verticales exagerados

Desde hace algún tiempo y acorde con otros movimientos ideológicos y otros intereses se ha venido desarrollando una demonización de la herradura de hierro clavada al casco, encontrando un terreno fértil en la ignorancia de propietarios, de veterinarios y también de herradores mas prácticos que teóricos, es decir, que aprendieron demasiado pronto a colocar herraduras obviando la base teórica científica y la Historia del herraje.

Siempre se ha definido a la herradura como un mal necesario. Obviamente es un mal porque no deja de ser un objeto añadido al caballo. Necesario porque como queda demostrado por la experiencia, el caballo no hubiese podido ser aprovechado como motor agrícola o vehículo en la extensa red de calzadas romanas sin la invención de la herradura.

Se ha puesto énfasis en demonizar algunos aspectos de la herradura cuando en realidad son alguna de sus mayores virtudes. No es cierto que la herradura impida el movimiento del casco cuando esta aplicada de acuerdo a las normas científicas y practicas del oficio. A este fin no se pueden poner como ejemplo herrajes chapuceros y mal aplicados. La herradura de hierro tan solo tiene dos inconvenientes principales: Uno, aleja el pie del suelo. Dos, cuesta dinero.

A veces se le achaca a la herradura una excesiva rigidez, cuando es la mayor de sus virtudes. La herradura no es rígida, sino elástica. Obviamente, si pretendemos deformar una herradura con nuestras manos nos parece de una rigidez inamovible. Cuando un caballo carga su peso, esta herradura se deforma de acuerdo a su elasticidad.

Una herradura de plomo o una herradura de hierro dulce no es elástica. Se deforman y así se quedan. Una herradura de acero se deforma y recupera su forma primitiva a razón de la cantidad de carbono que tenga el material con que esta hecha.

Cuando un caballo herrado apoya todo su peso sobre un solo talón, la herradura acompaña el movimiento del talón hacia arriba o hacia abajo, recuperando su forma original cuando cesa esta presión. Este movimiento no va mas allá de unos milímetros, que es el movimiento natural en un casco sano. Todo movimiento vertical que vaya mas allá de unos pocos milímetros es un movimiento insano e innatural que provoca molestias al caballo. La herradura, lejos de evitar el movimiento vertical de los talones, lo controla y evita su exageración. La prueba evidente de esta afirmación esta en los miles de caballos que aun teniendo casco suficiente en las lumbres, cojean cuando se les trabaja en caminos irregulares, pero cuya molestia desaparece en el preciso momento en que se les coloca una herradura. Esta herradura, aun en su grado mas bajo (una herradura abierta y normal), impide el movimiento vertical exagerado de los talones.

Herraduras cerradas control total del movimiento vertical. 

Una herradura cerrada por detrás, napoleónica, de barra o de huevo impide por completo el movimiento vertical de los talones. Esto es de gran utilidad en el tratamiento de lesiones en los bulbos y talones, precisamente porque no deja que se muevan entre si, lo que evita el desgarro que se forma en el fondo de la ranura de la ranilla.

Es el único tratamiento eficaz en el “Síndrome de talones desgarrados”, esa infección blanquecina que se observa en la laguna central de la ranilla. Los caballos afectados por este cuadro mejoran instantáneamente con la aplicación de una herradura cerrada por detrás. Es un cuadro que se conoce también en caballos silvestres, producido por cascos largos. En este tipo de caballos, la mejoría se obtiene también con una herradura abierta aunque en menor grado.

Hay ocasiones en que es necesario aumentar la superficie de apoyo en la región posterior del los cascos para el tratamiento de otros problemas. El herraje anglosajón utiliza también la herradura de barra recta o de huevo. El herraje tradicional español utiliza la herradura de callos aproximados, que cumple la misma función sin disminuir el movimiento vertical de los talones.

En la fotografía podemos ver como la herradura es elástica cuando se aplica una fuerza suficiente. Al introducir la tenaza de desherrar entre la herradura y el casco, la rama de la herradura se levanta, recuperando la forma cuando se suelta. Por esta misma razón, cuando el casco esta sano y no hay razón para evitar el movimiento vertical de los talones, no es necesario soldar las ramas ni emplear una herradura de huevo o barra, sino que es mas eficaz y fisiológico emplear una herradura con los callos sin soldar.

Esta propia elasticidad de la herradura es la que impide utilizar una herradura abierta o con los callos sin soldar cuando se quiere falsear uno de los talones por cualquier problema. Si así lo hacemos, con el peso del caballo, la herradura sube a buscar el casco cuando apoya su peso. No hay publicadas pruebas de que una herradura abierta o con los callos sin soldar posea la rigidez suficiente para mantener un falseo mas allá de un milímetro o dos a lo sumo. Para evitar que la herradura suba es necesario que este cerrada por detrás y soldada, para que no tenga ninguna elasticidad y sea el casco quien se vea obligado por el peso del caballo a descender.

Es también la propia elasticidad de las herraduras plásticas las que hace imposible que puedan aportar comodidad en un casco afectado de talones enfermos. Se quiere vender la idea de que es una gran virtud el que estas herraduras mantengan la flexibilidad vertical del casco cuando es una de sus mayores desventajas. La herrería basada en evidencias así lo ha probado, dejando a un lado intereses e ideologías espurias al mero hecho del herraje. Esto puede aplicarse también al uso de todo tipo de botas con la suela elástica.

   

Lo que hoy se conoce como herraduras de barra recta y de huevo, se consideraron en el herraje español y en el herraje anterior del que proceden todos los tipos de herraje como herraduras de boca de cántaro y de callos aproximados. Todas estas herraduras, así como las llamadas potreras y de sirga se utilizaban en caballos que se movían por caminos pedregosos e irregulares. En estas situaciones se hacia necesario controlar el movimiento independiente de los talones.

Resumen;

-Es necesario controlar el movimiento vertical de los talones evitando que sea un movimiento exagerado.
-Una herradura abierta controla el movimiento vertical de los talones, no lo impide.
-Cuando es necesario disminuir o evitar ese moviendo es necesario colocar una herradura de barra recta, de huevo o napoleónica.
-Si no es necesario limitar el movimiento vertical, es mejor la herradura de callos aproximados sin soldar.
-Las herraduras plásticas y las botas no controlan ni impiden el movimiento vertical de los talones, sino que lo favorecen, agravando cuadros de síndrome de talones desgarrados y alteraciones en la región de los bulbos en caballos con problemas.

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