Herraduras napoleónicas

 

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   Cuando los caballos eran el motor de la civilización, las herraduras se aprovechaban hasta las ultimas consecuencias. Cuando el hierro era mas caro que la mano de obra, las herraduras se aprovechaban al máximo, reciclando su material para otras cosas. Eran tiempos en los que no se despreciaba nada. Hoy dia, las cosas han cambiado mucho y se considera mas practico y barato colocar herraduras nuevas cada vez que se hierra el animal. 

   Esto tiene su punto de razón, desde la economía, pues para recolocar una herradura usada es necesario calentarla a fin de eliminar las tensiones del metal y la dureza adquirida con el golpeteo contra el suelo. Si tenemos que invertir tiempo, trabajo y gas en reciclar una herradura vieja, se prefiere hacerlo en una nueva, cuya terminación es siempre mas estética que con la herradura usada. Sin embargo, hay veces que da pena tirar unas herraduras usadas. Hay casos en que no se ha desgastado ni la cabeza sobresaliente de los clavos y la herradura completamente nueva irá a la basura.

    Sin embargo, con un poco de tiempo y de trabajo se pueden emplear en otros usos sin que parezca que estamos reutilizando herraduras viejas. Hace  unos dias nos vimos en la necesidad de dos herraduras napoleónicas. Teníamos dos herraduras de pie apenas utilizadas, tiempo y ganas, y las hemos reutilizado de una manera fácil, rápida y eficaz.

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   Las herraduras napoleónicas no son simples herraduras colocadas al revés. Teóricamente es una herradura de barra o de huevo a la que se le ha eliminado un trozo en las lumbres. Esto hace que sea mas fácil aprovechar una herradura comercial colocándola al revés que fabricarla a partir de una pletina lisa. Pero con todo, hay varios puntos en los que se diferencian. Herrar al caballo con napoleónicas es algo mas que sacar una herradura de la caja y clavársela al revés.

    Debido a que no se sabe forjar, a inmensa mayoría de las herraduras napoleónicas recomendadas por el vet acaban siendo de huevo, porque las herraduras en la caja de cartón vienen redondas por las lumbres. Así pues, la herradura napoleónica de huevo participa de los mismos defectos de la herradura completa de huevo. La mayor parte de las veces la herradura napoleónica necesita ser de barra, y para eso hay que forjar.

    Para construir la barra de la herradura, sea a partir de hierro liso o de una herradura comercial, vieja o nueva, no basta con querer ponerle las lumbres rectas, pues el material tiende a estirar y obtendremos una herradura con la zona de la barra mas estrecha y delgada. Es necesario rebatir hierro para que la barra continúe conservando la misma sección. Esto se consigue enderezando las ramas para poder golpear en las puntas de la misma y que el hierro se rebata contra la barra.

 

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   En el horno la herradura se calienta por entero, y si golpeamos las ramas de la herradura, éstas se doblan en lugar de rebatirse. Por tanto, se enfrían ligeramente en el cubo, conservándose el calor en la zona que queremos regruesar. Esta acción, enfriar las ramas y rebatir el material golpeando las puntas, la realizamos cuantas veces sea necesario hasta conseguir el acabado deseado. Si tenemos ganas de trabajar, podemos conseguir que la unión de las ramas con la barra acabe en una esquina viva. No es este el caso, pues no estamos en un concurso de forja. Básicamente necesitamos dos herraduras funcionales, rápidas y fáciles de hacer.

 

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   Damos forma a las ramas y hacemos las claveras en la punta de las ramas. Generalmente es suficiente con dos claveras, pues se puede aprovechar las ultimas claveras de la herradura vieja. De todas maneras, en la herradura napoleónica, como en las normales, no se puede clavar por detrás del punto mas ancho del casco. Si queremos, podemos prolongar el ranurado hasta la punta, pero esto ya entra dentro de las ganas que se tengan de trabajar.

 

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   Sacamos las pestañas. Estas son fundamentales en la herradura napoleonica. Por su diseño, es un herraje bastante inestable, pues el apoyo del hierro en el casco firme se ve muy disminuido al faltar la zona de las lumbres. Los clavos deben de soportar todo el esfuerzo y no debemos de olvidar que el clavo ultimo suele quedar bastante atrás, por lo que no queda tan firme como estaría en las lumbres.

    Uno de los defectos que se ven en la mayoría de los herrajes napoleónicos hechos con herraduras sin forjar y puestas al revés, es que se quedan muy retrasadas. El caballo que apoya con los talones las somete a fuerzas de palanca y a cizallamientos que los clavos no son capaces de soportar,.De ahí la facilidad con que se pierden las herraduras napoleónicas, cuando no tendrían porque perderse mas fácil que las herraduras de barra. Estas fuerzas de palanca y de cizallamiento se anulan forjándo de barra en lugar de huevo y sacando un par de buenas pestañas laterales

    En la fotografía se puede ver como hemos sacado las pestañas antes de traspasar los agujeros de las claveras. En nuestra experiencia, encontramos que es mucho mas sencillo abrir las claveras una vez enfriada la herradura. En esta posición y con las pestañas hechas, es difícil encontrar en el yunque un sitio que libre la pestaña y coincida la clavera con alguno de los agujeros del yunque. Sin embargo, una vez enfriada, colocamos la herradura en la esquina de un trozo de madera y con el puntero hacemos saltar fácilmente la tapa de la clavera.

 

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   Y ya tenemos nuestro par de herraduras napoleónicas listas para colocárselas al caballo. Baratas porque hemos reutilizado dos herraduras con muy poco uso. Rápidas porque apenas hemos empleado veinte minutos mas que en un herraje normal y eficaces, porque le serán de utilidad al caballo y aumentan nuestro prestigio y profesionalidad a ojos del vet y del cliente. Digan lo que digan algunos, no es lo mismo fabricar a medida y a la vista del casco una herradura napoleónica que sacar una herradura de una caja de cartón y clavársela al revés al caballo.