Herraje a la española.

 

Casi todos los países del mundo tienen un estilo particular de herraje que se adapta a la conformación morfológica de sus caballos, del tipo de terreno en que se mueven y al servicio que realizan. La relevancia de cada tipo de herraje va pareja al desarrollo industrial de país, a su posición geopolítica o a la existencia de una o varias razas de caballos con características propias y diferentes a otras razas equinas.

Así, surgen los grandes estilos de herraje; francés, anglosajón y español. De estos, hay pequeñas variaciones o subestilos de herraje, que o bien son una adaptación de un estilo superior a las características del país o son una combinación de ambos. Por ejemplo, el herraje alemán, no es sino la ordenación militar del estilo francés. El herraje americano no es sino una amalgama de todos los estilos que han llevado los emigrantes del siglo XIX. El estilo italiano es también una recopilación del herraje de las potencias extranjeras que a lo largo de su historia han conquistado el pais. Y el estilo árabe no es mas que lo que pudieron imitar de los colonizadores con las pocas herramientas de que disponían las tribus del desierto.

De los principales estilos, el francés se caracteriza por ser el mas antiguo-fueron los galos los inventores del herraje-y porque los grandes avances en el herraje científico fueron de la mano de albéitares franceses en los años alrededor de 1800. Además, aquella fue la época  en que las tropas francesas recorrieron toda Europa y no es de extrañar que los herradores militares franceses dejasen su huella allí donde tenían guarniciones establecidas.

El herraje inglés es especialmente particular, no tanto por las características técnicas del mismo, sino por estar imbuido profundamente en el espíritu y la idiosincrasia anglosajona. El desarrollo de su sistema de herraje va íntimamente ligado a la creación del caballo característico del país, el Purasangre inglés. Tanto el método de herraje, sin ayudante, como la forma y el material de las herraduras gira en torno a esta raza de caballo. Esto, unido a la endogamia profesional, producto de la severa regulación del oficio, ha sido siempre un elemento negativo a la hora de extender el tipo de herraje o de introducir cambios y mejoras en el mismo. Ha sido gracias a la expansión de los Estados Unidos con lo que este estilo de herraje ha llegado a predominar e incluso eclipsar a los demás métodos nacionales de herrar caballos.

El herraje español, como ya explicamos en otro articulo titulado El herraje tradicional español es un herraje eminentemente adaptado a las particularidades del caballo del país, del terreno en que se mueve y del trabajo que realiza. No es sino el resultado de un proceso de selección natural por parte de los herradores españoles que, al igual que sus colegas extranjeros, adoptaban las mejoras que resultaban beneficiosas para su trabajo y sus clientes, a la par que desechaban lo que no servia. Y esto es algo que no ha dejado de ser en ningún momento, y que sigue haciéndose hoy día. Las cosas provechosas pasan a ser parte del patrimonio común, la Tradición, y lo superfluo de desecha como la paja que se lleva el viento.

Los tiempos modernos han determinado un tipo de herrador muy distinto al tradicional. Ya no quedan herradores con taller fijo, que forjaban herraduras mientras esperaban al cliente. Ahora es un herrador que no forja, sino que compra las herraduras ya hechas. Y obviamente, compra lo que le venden. Por desgracia, mas que por fortuna, las tres o cuatro grandes multinacionales de las herraduras fabrican el mismo tipo, y otros fabricantes locales, se limitan a copiar sus diseños. Si estas marcas se pusieran de acuerdo para hacer las herraduras color rosa, la práctica totalidad de los caballos irían calzados con herraduras color rosa, sin que los herradores españoles hicieran nada por cambiarlo. Se limitarían a colocar los que les venden sin hacerse mas preguntas. Estas multinacionales, por razones de origen, un mercado global que gira en torno a Estados Unidos, fabrican y venden herraduras con un diseño muy bueno…pero para caballos de razas anglosajonas, no para caballos españoles. Al menos, no para la mayoría de ellos.

Quien haya intentado colocar a un caballo español, con los cascos en forma de mula, una herradura ranurada cóncava o una Saint Croix Eventer sabe de lo que hablo. El resultado es decepcionante. En tanto que estas herraduras a caballos de razas inglesas o americanas les sientan fantásticamente bien tal y como vienen en la caja, a la hora de enderezar las ramas, lo que era una herradura bonita se convierte en un churro.

El caballo típico español, tanto el pura raza como sus cruces, posee unas características peculiares en cuanto a sus cascos. Sus cuartillas tienden a ser cortas, lo que determina una rectitud de las mismas y una conformación propia de los cascos. Estos son siempre altos de talones, con tendencia a la topinicidad. Sus ramas se vuelven rectas y la ranilla se hunde y se atrofia con facilidad. Ambos talones son proclives a cerrarse sobre si mismos, encastillándose. Es lo que se conoce como “casquimuleño o casco de mula” y son completamente normales y funcionales. Basándose en parámetros tan solo aplicables a razas inglesas, no ha faltado quien ha visto al casco del caballo español como resultado de patologías y deformaciones, cuando no es así. El casco propio del caballo español es el normal y el deseable en un caballo español.

 

Así, es obvio que cuando queremos aplicar herraduras ideales para caballos de cascos redondeados, nos encontramos conque se adaptan difícilmente al caballo español de cascos alargados. Cuando queremos colocar herraduras de pie que tienen un brusco ángulo en cuartas partes, propio de caballos centroeuropeos, en caballos españoles de cascos encastillados y curvas suaves, nos encontramos que hay que reformar por completo la herradura. Cuando colocamos en estos cascos herraduras con los callos igual de anchos en las lumbres que en los talones, nos encontramos conque la herradura tapa por completo las lagunas de la ranilla en incluso llega a cubrir los bulbos.

Esto no ocurre nunca cuando las herraduras se han forjado al estilo español. Y es, decíamos mas arriba, porque desde hace siglos, los herradores españoles han diseñado un tipo de herradura que se adapta perfectamente a la forma del casco, al terreno en que se mueve y al tipo de trabajo del caballo español. Esto no quiere decir, de ningún modo, que otros tipos de herraduras y herrajes sean malos o que sean peores que el herraje español. Esto quiere decir que el herraje español es el mas adecuado para el caballo español  y que por ende, cumple recuperar y poner en practica este tipo de herraje, denostado por ser español, que ya sabemos que es muy dado a menospreciar lo suyo y alabar a todo lo extranjero, aunque sea mucho peor.

  Reconvertidas en los mas diversos objetos,podemos encontrar en cuadras y guadarneses las herraduras españolas de toda la vida.

 

 

En el articulo sobre El herraje tradicional español comentábamos que el caballo mas común en España tiene los cascos con las ramas muy rectas en las manos y encastillados, en tanto sus pies adquieren la forma ovalada de las mulas. Las herraduras españolas se forjan con esta forma general, de manera que se podía herrar en frío sin mas adaptación que unos suaves golpes en el yunque. Adaptar en frío a una herradura europea a un caballo español supone muchas veces un esfuerzo titánico de resultados patéticos.

El terreno en España es generalmente escabroso, con caminos empinados en las zonas montañosas, y de cerros ondulados en el centro de la península. Esto, unido a lo áspero de su clima da lugar a terrenos duros y difíciles, que desgastan las herraduras y proporcionan poco agarre. Las ciudades, adoquinadas o asfaltadas, son también un terreno inseguro y resbaladizo. Por eso las herraduras españolas son mas estrechas de tabla y mas gruesas, siendo la sección preferida para las herraduras 20 x10 mm.

Tanto en las ciudades empedradas como en los caminos y dehesas, la tracción y el agarre son fundamentales en el herraje de nuestros caballos. No importa si es llevando un coche o encerrando ganado en el campo. El caballo debe de agarrarse firmemente al suelo, en muchas ocasiones, resbaladizo. El herraje español fía esta misión a los talones de la herradura, siendo característico de nuestro herraje la gran variedad de formas de talones y de ramplones fijos o combinados.

Por tanto, el empleo de nuestro particular modo de herrar los caballos, lejos de querer resucitar una técnica muerta y desechada por inútil, no es sino recuperar una valiosísima herramienta que permite proporcionar una mejor calidad de herraje a la inmensa mayoría de los caballos que se hierran en España. Esta técnica no solamente revierte en la salud del caballo, sino en la comodidad a la hora de realizar el trabajo.

A continuación, presentamos diferentes casos de herrajes a la española, donde se puede ver herraduras comerciales modificadas para el herraje español y combinaciones de diferentes estilos de herraje.

El herraje español de manos se caracteriza por tener las ramas mas rectas, adaptándose a la forma del casco de la mayoría de los caballos españoles y sus cruces.

La herradura de pie es mas apuntada que la europea comercial. También sus curvas son mas suaves, sin el ángulo abrupto que las primeras forman a la altura de las cuartas partes.

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El talón ligeramente regruesado ayuda a mantener la alineación de las falanges y compensa el rebajado en profundidad de los cascos altos de talones o el desgaste excesivo de los mismos.

Los talones se regruesan solamente en cuartas partes y talones. No es una herradura compensada con dos planos no paralelos. Tampoco hacen el papel de una taloneta de cuña o una plantilla compensada.

El canto exterior del talón se forja o bisela en chaflán para impedir los alcances. En general, el herraje español no lleva tanto descanso como corresponde a una morfología de casco que se expande muy poco en la zona posterior.

 

El pie del caballo español suele ser cerrado de talones. Un estadio avanzado y patológico, el encastillamiento, hace difícil el herrado racional.

Desde antiguo, los herradores españoles supieron ver cual era el tipo de herraje que mas se adecuaba a las características de nuestros caballos. El herraje anglosajón no es capaz de dar una buena respuesta a los problemas específicos del caballo español. Quien no lo sienta así, que intente colocar a un casco de pie de un caballo PRE una herradura ranurada cóncava con ramplón y cuña.

Aunque en esencia el herraje español tan solo lleva una pestaña tanto en manos como en pies, el uso de dos pestañas laterales previene los alcances y favorece los giros rápidos.

El herraje a la española no es útil tan solo con caballos del tipo español y sus cruces. Cualquier caballo puede beneficiarse de las ventajas del método. Los caballos de deporte españoles se herraban de este estilo hasta hace 30 años en que las multinacionales inundaron el mercado español con el modelo anglosajón.

 

El herraje a la española es totalmente combinable con cualquiera de los otros métodos de herraje y acepta todas las innovaciones. En la foto, herradura de banana con los callos típicos del herraje español.

Vista lateral del anterior ejemplo. Herraje de banana con callos a la española.

Algunos caballos que se alcanzan y se deshierran se benefician de retrasar la lumbre de las herraduras. En la foto, una herradura de pie francés, con la lumbre muy retrasada y callos españoles. Una buena muestra de la amistad hispano-francesa.

El herraje a la española es una herramienta mas, no es una doctrina a la que aferrarse. Es totalmente compatible con cualquiera de las otras herramientas disponibles en la cabeza y en el cajón del herrador, sin mas limitaciones que las habilidades y conocimientos del mismo. En la foto, un pie de un caballo español con el callo interno al estilo español y el callo externo ensanchado y alargado para dar un buen soporte lateral.

Una de las características del casco del caballo español es la tendencia a tener talones altos, y por ende, débiles. Un talón es mas  fuerte como sea de bajo, así que conviene rebajar a fondo los talones de los caballos españoles.”Los tacones son para las mujeres”,que decía el viejo Domitilo. Ahora bien, no se puede rebajar a fondo un talón y dejar al caballo con tensión en el tendón flexor profundo. Se debe de compensar con el grueso de la herradura. El casco largo es débil y se tuerce. El hierro es rígido y se mantiene en su lugar.

 

El mismo casco una vez rebajado y herrado con el talón regruesado. Se mantiene el alineamiento de las cuartillas aunque se ha eliminado mucho talón. El talón restante es fuerte y podrá dar soporte al caballo.

Pero sin duda, el elemento mas característico del herraje español es el ramplón fijo en cualquiera de sus modelos. En la foto, vemos el ramplón sencillo en las dos ramas de la herradura.

Para evitar los peligrosos alcances con el ramplón interno, también se suele cambiar este por un entalonado del callo interno que iguale la altura del ramplón externo.

Son muchas las aplicaciones prácticas que el herraje español ha ofrecido a lo largo de la historia a la hora de resolver los problemas de los caballos. Y aun los sigue ofreciendo, a poco que el herrador sea de los que quieren hacer cosas y no dedicarse a clavar herraduras que le venden en una distribuidora. Obviamente, no es capricho transformar los callos de las herraduras comerciales. Conlleva trabajo, esfuerzo y gasto de gas propano. En cambio aporta soluciones donde otras técnicas no pueden y produce la satisfacción del buen hacer tanto al herrador como al propietario. No acaba aquí este articulo. Quedará abierto para incorporar nuevos ejemplos que vayan surgiendo en la práctica diaria de nuestro trabajo. Y no faltaran, pues por fortuna, en el centro de España los que mas abundan son precisamente eso, los caballos españoles.

 

Sin duda alguna, la seña de identidad del herraje a la española es el ramplón fijo. Al igual que en el resto de los países, los herradores se vieron en la necesidad de proporcionar al caballo el agarre perdido a causa de la propia naturaleza de la herradura. Desde los toscos ramplones consistentes en doblar hacia abajo la punta del callo hasta los magníficos ejemplos de caulks que nos muestran los forjadores campeones, hay todo un catalogo de modelos y de tamaños, con una única coincidencia: Todos son funcionales y cumplen su misión.

En los últimos tiempos han sido denostados, no se sabe bien porqué. Es una técnica que sirve bien en algunos aspectos, no en todos. A nadie en su sano juicio se le ocurre poner unos ramplones fijos a un caballo que tan solo va del box a la pista de geotextil. Pero hay ocasiones en que son de gran utilidad. Los caballos de campo español, los que se dedican al ganado o a subir y bajar cerros, homólogos de los caballos de caza ingleses, se benefician mucho de los ramplones fijos, sobre todo en los posteriores.

Aunque tradicionalmente en España se ha utilizado la herradura con dos ramplones, uno en cada rama, algunos herradores han introducido las combinaciones propias de herrajes extranjeros, adaptándolas a nuestro peculiar modo de herrar. En esta ocasión presentamos el herraje de posteriores para un caballo dedicado al trabajo con el ganado bravo al que hemos proporcionado seguridad y agarre, premisas fundamentales en este tipo de actividad.

El ramplón fijo proporciona un agarre excepcional tanto en terrenos blandos como terrenos duros, y es una herramienta de indiscutible valor en muchos de los caballos dedicados al manejo de ganado bravo. A pesar de los detractores del mismo, su uso marca la diferencia entre ir seguro e ir inseguro en un caballo por terrenos difíciles o entre animales bravos.

El uso de los ramplones fijos es totalmente asumible por el caballo y no tiene ningún efecto secundario cuando se utilizan con criterio responsable y razonable. El herrador sabe en cada momento que tipo y que tamaño de ramplón necesita el caballo de acuerdo con su conformación y la labor que desempeña. Entre un simple regruesado del callo y un ramplón de punta de tres centímetros de largo hay todo un catalogo de modelos y tamaños.

Este es un casco que sirve para ilustrar muy bien el concepto del ramplón fijo. Obviamente, con esta conformación  y esta longitud, no es un caballo adecuado para moverse con soltura en terrenos duros o peligrosos. Pero es que aunque le recortemos todo el sobrante, seguirá manteniendo su conformación de talones bajos y huidizos. Aun recién herrado, si con herraduras planas, será un caballo con poco agarre y sin seguridad a la hora de salirse de entre el ganado.

De ahí que un ramplón fijo sea el método mas eficaz, seguro y barato de proporcionar al caballo lo que al caballo le falta. No se trata de colocar a todos los caballos unos ramplones fijos. Se trata de que el herrador, cuando es competente en su oficio, sabe en cada momento que tamaño, que forma y que modelo de ramplón le conviene a ese caballo de acuerdo a su conformación y al tipo de trabajo que desarrolla.

El herraje con ramplones mas conocido es el herraje para los caballos de tiro ligero, es decir, el destinado a tirar por carruajes y coches en las grandes ciudades. Al igual que sus herrajes homólogos europeos, lo mas común eran las herraduras planas en las manos y las traseras con un ramplón en cada rama. Estos ramplones proporcionan agarre en los adoquines de piedra, redondeados en su cara superior, que pavimentaban las ciudades en el pasado. Sin estos adminículos, el equilibrio de estos animales seria totalmente imposible.

Sin embargo, en los caballos destinados al campo y al igual que los ingleses, los herradores españoles preferían colocar una herradura posterior con un ramplón en el lado externo y regruesar el callo interno hasta obtener la practica altura del ramplón. Lo que los ingleses llaman herraje de ramplón y cuña. (caulk & wedge).

En la foto podemos ver el herraje anterior. En la rama externa, un ramplón fijo. El talón interno esta regruesado hasta obtener casi el total de la altura del ramplón. Este tipo he herraje tiene la misión de que el talón interno no pueda herir al caballo en los giros rápidos, cosa que podría ocurrir con un ramplón interno.

En ocasiones oímos comentar que el ramplón roscado es mejor que el ramplón fijo. Esto es así en algunas ocasiones, pero no en todas. A los caballos susceptibles de hacerse daño con el callo interno no se le debe de colocar nunca un ramplón interno, capaz de hacer heridas terribles. Obviamente, no se puede o no se debe de colocar un solo ramplón que desequilibre al caballo, por lo que el método de ramplón y cuña es muy superior en estos casos.

 

 

 

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