Hormiguillo o posible cáncer de pie.

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   Presentamos hoy un caso que hemos tratado hace unos días y que nos mantiene  confusos acerca de su diagnostico. Se trata de una yegua de raza centroeuropea que sufre un problema en su pie derecho desde hace un año. El animal ha venido cojeando intermitentemente, coincidiendo con el empeoramiento de las lesiones que presenta y sus dueños han decidido optar por buscar una segunda opinión que pudiera arrojar algo de esperanza de recuperación.

 

   Su dueña nos refiere por carta, que desde hace un año aproximadamente, la yegua presenta hematomas en la zona posterior de la palma, agravándose el problema con la humedad y ,por el contrario, mejorando cuando se la coloca en un lugar seco. Nos envía un par de fotografías tomadas hace varios meses a fin de que podamos hacernos una idea del caso.

 

  La yegua llegó a manos de sus actuales propietarios con los cascos de los pies muy deformados, prácticamente cuadrados. Su herrador ha venido herrando al animal de manera conservadora y sin profundizar en los hematomas y lesiones que presentaba tan solo en este pie. En uno de los episodios agudizados por la humedad, cuando se hizo la foto, la zona posterior de las palmas presenta rotura con profusión de masas en forma de coliflor y que despiden un olor fétido.

 

   Estos datos nos hacen sospechar inmediatamente de un cáncer de pie, pues los síntomas son totalmente compatibles. El cáncer de pie no es un cáncer propiamente dicho, entendiendo como cáncer que las células mutan tornándose malignas. Lo que llamamos cáncer de pie (en ingles canker) ni siquiera es de origen tumoral. Se trata de una irritación crónica del tejido que forma la ranilla o la palma y que prolifera de manera aberrante, creando lo que se conoce vulgarmente como “carne viciosa” y cuyo nombre técnico es “pododermatitis verrucosa proliferante”.Hasta hace poco tiempo era considerada una enfermedad incurable que condenaba irremisiblemente al caballo al matadero, pero los últimos avances e investigaciones han demostrado la intervención de bacterias y de ciertos virus en el origen de la enfermedad, lo que permite un tratamiento con éxito en muchos de los casos de cáncer de pie.

 

   En la fotografía de portada podemos ver la forma del casco, completamente circular, con los talones muy contraídos y cerrados sobre si mismos. A ambos lados de la ranilla, invadiendo los surcos laterales y la zona de las escarzas, entre la barra y la muralla, asoman las lesiones en forma de coliflor, típicas del cáncer de pie. La ranilla, totalmente atrofiada entre los talones esta partida y hundida.

 

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   La segunda foto que nos remiten sus propietarios, nos muestra un casco muy alto, excesivamente alto de talones, casi cilíndrico y en el que a pesar de la mala calidad de la fotografía tomada con un teléfono móvil se aprecian ceños profundos, que delatan los ciclos de actividad de la cojera.

 

   El veterinario generalista que trató a la yegua desde un principio, recomendó colocar al animal en un lugar seco y aplicar metronidazol a diario en las lesiones. El metronidazol es un poderoso antiséptico que se elimina con mucha dificultad de la sangre, lo que le permite llegar a los rincones mas lejanos del cuerpo. De ahí su uso en enfermedades de ginecología y odontología. Tan solo un producto tan difícil de eliminar como el metronidazol es capaz de llegar a las raíces de los dientes, o a los bulbos de los talones, tan débilmente irrigados. Por esta razón es el medicamento de elección en el tratamiento de los canceres  de pie, cuando son originados por bacterias que han invadido el tejido profundo del corion de la ranilla o los bulbos del pie.

 

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   Convencidos de que a priori se trataba de un cáncer de pie y aprovechando uno de mis desplazamientos, pasamos a visitar la yegua, con el propósito de identificar in situ el problema y recabar datos sobre el mismo. En caso positivo, la yegua seria derivada a una clínica madrileña donde se le realizarían las pruebas y el tratamiento pertinente.

 

   Un año después de haber tomado las fotografías, la yegua seguía presentando un casco excesivamente alto y que apoyaba tan solo en las lumbres, evitando en lo posible pisar con los talones. Estaba herrada con una herradura de placa de hospital, que sus dueños retiraban diariamente para aplicar gasas y metronidazol en polvo.

 

   Bajo la placa de hospital se acumulaba todo el tejido corneo acumulado a lo largo de ciclos de herraje excesivamente largos. Su herrador habitual, por miedo a las lesiones, era extremadamente conservador y se limitó a rebajar someramente el casco y a clavar la herradura. Esta es la explicación del porque este casco estaba tan excesivamente alto, tanto de talones como de lumbres.

 

 

 

 

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   Como primera medida para poder valorar el problema procedimos a eliminar la mayor cantidad posible de casco muerto y sobrante. El material corneo es muy duro y petrificado debido a la acción desecante del metronidazol. Tras un buen rato de trabajo con la tenaza de corte y la cuchilla, rebajamos los talones en lo posible.

 

   Como podemos ver en la fotografía, los talones aparecen contraídos y con tendencia a sobreponerse uno contra el otro. La presión  que ejercen sobre la ranilla la comprime y desgarra el tejido conectivo que une los bulbos, siendo suficiente para provocar dolor  y cojera.

 

 

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   Hemos rebajado el casco en lo posible y por su cara palmar presenta este aspecto. La ranilla, totalmente petrificada y fundida con la palma. A ambos lados presenta unas oquedades profundas en las que falta la materia cornea de la palma. El fondo de la concavidad lateral aparece ciego y seco, sin manifestar sensibilidad a la presión. Sin embargo, en el fondo de la cavidad medial, el corion de la palma  asoma blanquecino como si se tratase de algodón. Está muy seco debido al prolongado contacto con el metronidazol y en este caso si que se muestra sensible y doloroso al contacto con el dedo. Se aprecia la separación entre este tejido y la muralla, lo que hace presumir que la lesión ha profundizado a través de la línea blanca

 

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   Aun apuramos el casco quitando mas material corneo petrificado. Podemos ver como la oquedad lateral ha desaparecido casi por completo y en la lateral, el tejido podofiloso queda a ras de la superficie de la palma.

 

   Exploramos con la legra de anillo y la tenaza de filos curvos el alcance de la lesión. No parece extenderse mas allá de la punta de la ranilla a través de la línea blanca, pero si que profundiza a través de ella. Se hace necesario resecar toda la muralla suelta para descubrir el alcance y el aspecto de la lesión.

 

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   Aquí podemos ver la resección total de la porción de muralla suelta. Profundizamos hasta que el tejido de la muralla aparece bien sano y no hay rastro de infección. Una vez resecado por completo procedemos a herrar el pie

 

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  Elegimos una herradura a la que hemos soldado una barra no en su región posterior, sino en la zona de las cuartas partes. Esta barra ancha, consigue el apoyo en la ranilla y realizará un efecto masaje sobre la misma, buscando activar la circulación sanguínea en la región posterior del casco. La dureza de la ranilla evita tener que interponer entre la misma y la barra alguna almohadilla de apoyo. Por otra parte, el peso correspondiente a la cuarta parte y al talón resecado es repartido hacia la ranilla y el otro talón.

 

 

   La duda que nos asalta en este caso, es si se trata de un cáncer de pie al que el metronidazol ha mantenido a raya o por el contrario es únicamente una infección crónica en la región posterior del casco. La acumulación de materia cornea produce el efecto de un zapato de hierro que comprime a las estructuras vivas del interior del pie. Su aplomado  y los talones tan largos propician un cuadro de talones desgarrados, que infectan el surco central de la ranilla. Esta infección pudo haber invadido el corion de la ranilla o de la palma y provocar a su vez un cáncer de pie. Nos encontramos en el dilema de la gallina y el huevo.

 

   Por otra parte, un tratamiento tan prolongado con metronidazol en polvo y sin supervisión veterinaria, pudo haber afectado al tejido sano, quemándolo y provocando separación en la línea blanca, con dolor y cojera.

 

   El tiempo lo dirá. De momento hemos recomendado que se frote la zona resecada con nuestro “Higienizador de ranillas FarrierGabino”,a fin de eliminar cualquier microorganismo superficial y favorecer la cornificación del tejido subyacente. Durante las próximas semanas, estaremos pendientes de la evolución de la yegua.

 

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Cinco meses después,hemos tenido noticia de la feliz recuperación de la yegua.El casco resecado ha crecido de nuevo y las lesiones han desaparecido por completo.A dia de hoy,la yegua está preñada y vive en libertad en un prado sin necesidad de herraje.