Infosura,retracción y subluxación

 

   Este oficio nuestro de herrador aficionado a caballos con problemas no cesa de sorprendernos con nuevos retos. Si parece que un caso es grave y complicado, no es sino el penúltimo, pues probablemente la semana o el mes que viene nos encontraremos con algo aun mas raro o mas difícil .Es cierto que aunque somos conscientes de nuestros propios limites y de los limites de la ciencia herreril y veterinaria, no por ello olvidamos una sentencia que un día escuché; "Era imposible, pero como no lo sabían ,lo hicieron".

 

   Los veterinarios y los herradores somos, tenemos que ser, un tanto asépticos en el tratamiento de los caballos. No podemos permitirnos el involucrarse emocionalmente en los casos que tratamos, pues estas emociones pueden llevarnos a equivocaciones graves para el caballo y para el cliente. Quizás por eso no recomiendan que los médicos traten a sus familiares. Cuando nos encontramos con un casco como el de hoy, nuestro primer impulso es decir "Sacrifícalo, no hay esperanza",pero cuando ves en el dueño el firme propósito de hacer algo por intentarlo, cuando ves tanta fe en el resultado, no puedes dejar de sentirte alentado a intentarlo, aunque veas muy incierto el resultado.

 

   Así nos hemos sentido con el caballo de hoy. Se trata de un caballo de rescate, es decir, su dueña lo ha salvado e intenta hacer algo por curarle o por facilitarle la vida,¿Pero, que se puede hacer por un caso como este?.Ante todo, ser muy, muy realista. Y aun convertirse en una especie de abogado del diablo que contrarreste la euforia inicial de los propietarios. Es lo que me gusta llamar "Lealtad para con el cliente y para con su caballo"

   Bien, vamos a presentar al caballo; un PRE tordo de muy buen tamaño al que en su día se infosó de la mano izquierda. Se le hizo una tenotomía, es decir, cortarle el tendón flexor profundo, para que el hueso no siguiera rotando. Nada de lo que se hizo dio los resultados apetecidos y por circunstancias que desconocemos el problema ha ido agravándose hasta llegar a la situación actual. Y la situación es la siguiente. La mano izquierda totalmente verticalizada con subluxación del menudillo. La mano derecha, totalmente aplastada por apoyarse continuamente sobre ella. El caballo se mueve dificultosamente, sin apoyar  la mano izquierda, y la deformación de los cascos es patente, agravada por la dificultad de su manejo.

 

   Disponemos de radiografías mediolaterales que nos muestran un eje falangiano totalmente vertical. Se aprecian destrucción en la punta del hueso tejuelo y un pequeño absceso drena en la corona.

 

 

   Nuestra primera pregunta es siempre "¿Que espera usted del caballo?" "Darle una calidad de vida mejor y que no le duela".Es una pretensión razonable y son expectativas razonables. A la vista del caballo se puede intentar recortar los cascos y evitarle dolor añadido por los efectos de las palancas que tiene que soportar. Cualquier otra expectativa tendría muchas menos probabilidades de verse colmada. De realizar algún tipo de trabajo, ninguna. De actuar como semental, habría que comprobar antes  la acción del dolor crónico y su tratamiento como afectan a la calidad y cantidad de espermatozoides. Para estar en un paddock retirado y tranquilo, se puede intentar hacer algo. Tan solo se trata de un poco mas de dinero y de tiempo.

 

   Con estas premisas establecemos un plan de trabajo. Vamos a eliminar todo el casco sobrante. A la mano izquierda le colocaremos una herradura de banana para que se apoye en el punto que mas cómodo le resulte. En la mano derecha le colocaremos una herradura napoleónica o invertida, que contrarreste el efecto de apoyarse continuamente sobre los talones.

 

   Nos damos un máximo de tres ciclos de herraje. En el primero, queremos separar cuanto dolor e invalidez corresponden a sus lesiones y cuanto se debe al mal estado de sus cascos. En los próximos herrajes valoraremos en que estado se quedan las lesiones del caballo, como pueden evolucionar y cual es su estado actual y futuro, si se puede o se debe mantener un caballo con ese grado de invalidez y dolor. En realidad, nos importa eliminar el dolor, no la invalidez, auque se hace difícil separar ambos conceptos.

 

 

   Imagen de la mano izquierda. Es evidente que el hueso tejuelo esta totalmente vertical, al igual que el resto de las falanges. Esto provoca una sobre elevación exagerada de los talones, empujados hacia arriba por las apófisis posteriores del hueso tejuelo. Las lumbres totalmente colapsadas.

 

   El menudillo empujado hacia adelante por la gran tensión que origina el tendón flexor profundo. Probablemente esta subluxacion de la articulación esté dañando el cartílago de la misma y se haya convertido en una importante fuente de dolor para el animal.

 

 

   Manos a la obra. Sedamos al caballo para mitigarle el dolor y que se esté quieto, pues vamos a utilizar la amoladora eléctrica. Cualquier otra herramienta se ve imposible de hacer mella en una sustancia cornea tan petrificada. La materia cornea tiende a desecarse al alejarse de la matriz del pie, y esto, ayudado por el clima extremo del verano manchego ha convertido en verdadera piedra los cascos del caballo.

 

   En la foto trazamos una vertical desde la lumbre para que nos de una referencia de hasta donde queremos llegar quitando casco. Hemos rebajado los talones hasta donde se ha podido y una buena porción de las lumbres.

 

 

   Terminamos de rebajar las lumbres y colocamos una herradura de banana sin plantilla. En realidad nos basta con la curvatura de la herradura. El caballo sigue sin apoyar el pie, pero si se decide a hacerlo, podrá hacerlo en el punto que mas cómodo le resulte. Con el recortado de las lumbres y la herradura de banana, el pie ya ha basculado hacia atrás, lo que significa que el tejuelo ya no incide tan de punta y logra apoyar algo su base. Es muy poco, pero es un avance en la buena dirección.

 

 

   Nuestra intención para la mano derecha era, como ya dijimos, recortar el casco y colocar una herradura napoleónica que le diese soporte a los talones y la máxima salida en las lumbres, Con esta acción pretendemos contrarrestar la acción natural del pie, que es la de recargar los talones debido al apoyo continuado sobre el.

 

   Ha sido tarea totalmente imposible levantarle la mano derecha. El caballo es incapaz de sostenerse en absoluto sobre la mano izquierda. Se le hizo un bloqueo a nivel del menudillo sin obtener ningún resultado. Se le realizó un nuevo bloqueo a nivel de la caña (la dueña es veterinaria) sin obtener el mas mínimo resultado. Decidimos no proseguir, pensando que o bien la innervación secundaria no permitía obtener un neurobloqueo efectivo o bien la fuente mayor de dolor se hallaba en la rodilla.

 

   Y como a grandes males, grandes remedios, decidimos cortar el casco en el suelo. Como se ve en la foto, con la amoladora y un disco finito de  cortar hierro seccionamos la punta del casco. Da un poco de impresión ver como se corta el pie del caballo con una radial eléctrica, pero no hay peligro. Es una zona en la que el tejido vivo queda alejado.

 

 

   Ya le hemos cortado la punta del casco y ahora procedemos a cortar las esquinas. A pesar de nuestra experiencia, no deja de parecernos altamente peligroso el uso de herramientas eléctricas en los cascos de los caballos. Desde la postura de la fotografía, pueden ocurrir varios accidentes y mis manos y mi cara están demasiado cerca de un disco de corte que gira a varios cientos de revoluciones. Por lo menos, mis pies están magníficamente protegidos con unas botas especiales para herrador, con puntera y empeine de acero.

 

   Para desbastar el casco cuando está en el suelo no empleamos el superdisco de 23 dientes que ya conocemos de otros artículos, sino un disco de metal que lleva soldadas virutas de tungsteno y es empleado comúnmente en carpintería. Con el, vamos eliminando suavemente la muralla hasta llegar a la forma deseada.

 

   Estos discos tienen una desventaja, y es que no ventilan como los que llevan dientes. Por tanto, se debe de actuar suavemente, pues calientan muchísimo al casco y es fácil llegar a quemar el tejido vivo. En la foto, vemos al martillo de nylon y la cuchilla, que se han mostrado totalmente impotentes ante la dureza extrema del tejido corneo.

 

   Y así dejamos al caballo, en su pequeño corral. Aunque con dolor, apoya de cuando en cuando su mano izquierda. Ya es algo, pues antes del herraje no la apoyaba absolutamente nada. Ahora esperaremos a ver como evoluciona. Ojalá tenga suerte y pueda aprovechar esta oportunidad.