Las pestañas

   "Las pestañas son finas proyecciones triangulares que nacen del borde externo de la tabla de la herradura a nivel de las lumbres, las cuartas partes o los callos. (Hickman)"

 

   Mucho se ha hablado de las pestañas, tanto a favor como en contra. Y como en todas las cosas del herraje, tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Las pestañas en las herraduras no nacen de un capricho, sino de una necesidad. Es lógico pensar que en la antigüedad, cuando el hierro y el carbón necesario en la fragua eran mucho mas difíciles  y caros de conseguir que hoy día, el herrero procuraba economizar estos materiales. También es lógico pensar que cuando se tiene que trabajar doce o catorce horas en la fragua para poder poner un plato de comida en la mesa, se busca la máxima eficiencia con el menor esfuerzo. Así, es fácil pensar que cuando los herreros antiguos empezaron a sacar pestañas a las herraduras, no era por afán de brillo ante los compañeros, sino porque había un problema que obligaba a buscar una  solución fácil, rápida y barata.

 

   Las pestañas aparecen en una edad temprana de la invención del herraje. En los estratos del Támesis correspondientes al siglo VI ya aparecen herraduras con pestaña en las lumbres. A partir de entonces ya se generalizó el uso de pestañas en casi todas las herrajes, sobre todo en los utilizados en las ciudades. Ya hemos explicado en otros artículos que los avances en el herraje surgieron siempre en las ciudades. Simplemente, los buenos herradores se instalaban en las ciudades porque en ellas se pagaban mejor sus buenos servicios. Situación que aun pervive en nuestros días.

 

   Las pestañas sirven para contrarrestar las fuerzas de empuje y cizallamiento que experimenta la herradura en el casco. Muy pronto se dieron cuenta los herradores de que la herradura clavada sin pestañas era rápidamente desplazada de la situación primitiva, debido a las fuerzas que tenia que soportar. Estos desplazamientos producen no solo una menor duración del herraje, sino que en ocasiones derivaban en cojeras producidas por compresión del tejido vivo, tanto por los clavos como por la propia herradura, que se sentaba en la palma del pie.

   Los clavos que sujetan la herradura penetran en el casco  por la línea blanca, para después dirigirse progresivamente al exterior, donde son cortados y remachados. En el punto de entrada quedan situados a muy pocos milímetros del tejido vivo, sobre todo en la zona de los hombros. Cualquier pequeño desplazamiento del clavo junto a la herradura, puede determinar que este comprima o hiera al tejido vivo, lo que produce una cojera que se conoce como "clavo arrimado". Ese pequeño desplazamiento es el que evitan las pestañas, pues ese es el problema que detectaron los herradores antiguos; a los pocos días de herrar al caballo, sobre todo con clavos gruesos y bastos, hechos a mano, las cojeras por clavos arrimados eran demasiado frecuentes. Y como eso no era bueno para nadie, tuvieron que gastar tiempo, trabajo y carbón en hacer pestañas a las herraduras.

 

   Podemos asegurar que la inmensa mayoría de los clavos arrimados no son accidentes del herraje debido a la impericia del herrador, sin consecuencias del desplazamiento posterior de la herradura. Si un clavo comprime el tejido vivo, el caballo queda inmediatamente cojo o dolorido. Cuando el dolor se produce días después, no es porque le estuviese apretando el clavo desde el momento del herraje, sino porque la herradura se desplazó sobre el pie o el pie sobre la herradura, tanto monta, producto de manoteo, escarbar, golpes en las puertas o de las propias compresiones producidas por el peso del caballo. Desde antiguo se ha achacado injustamente al herrador la culpa de los clavos arrimados cuando en realidad son producidos por causas ajenas y posteriores al herraje. Si que es cierto que la aplicación correcta de las pestañas elimina o reduce drásticamente la incidencia de clavos arrimados en el herraje.

                                                                                   Figura 1

 

   En la figura 1 vemos la situación de los clavos en el casco después de clavada la herradura, y las flechas señalan la dirección de las fuerzas que actúan sobre los mismos. Las fuerzas principales que actúan sobre el clavo son tres:

 

   -La herradura tiende a desplazarse hacia atrás, producto de la manera de pisar del caballo cuando va cargado. Esta fuerza se acentúa en los descensos, en que la herradura se agarra al piso y el casco, por inercia, quiere resbalar hacia adelante por encima de ella.

 

   -La herradura se desplaza lateralmente, debido a las fuerzas que actúan en los giros. Esta fuerza se acentúa en los caballos de tiro, que para hacer fuerza giran su mano sobre el hombro interno, provocando una gran tensión en los clavos y el estuche corneo.

 

   -Una combinación de ambos, que se produce mayormente en caballos de silla, obligados a moverse en aires rápidos y realizar toda suerte de giros ,saltos, etc. En este apartado podemos incluir el exceso de agarre que proporcionan los ramplones, widias, herraduras de plástico, etc., que aumentan el "momento justo de agarre",es decir, el equilibrio entre el agarre del material en el suelo y el sobreesfuerzo que les supone a los clavos y a la pared del casco el excesivo agarre de la herradura en el suelo.

 

    En el primer caso, el desplazamiento de los clavos no se realiza siguiendo la línea blanca, sino que se mueven paralelos al eje del casco. Viendo la figura 1 nos podemos imaginar que a poco que el clavo se desplace hacia atrás, abandona la línea blanca  y entra en la palma. En el clavo de las lumbres se encuentra la palma casi perpendicularmente. En los otros clavos, hacia los talones, el acercamiento a la palma ya es mas oblicuo. Eso explica el porque en la mayoría de los casos de clavos arrimados se produce siempre en el clavo de las lumbres o en el segundo clavo, siendo mucho menos frecuente arrimar los clavos en el tercero o en el clavo de los talones.

 

   En el segundo de los casos, el clavo se mueve perpendicular hacia la tapa, lo que puede provocar que cualquiera de los tres clavos contunda al tejido vivo. Por contra al primer caso, los clavos mas susceptibles de producir compresión son los mas cercanos al talón, pues encuentran el tejido vivo mas cerca, especialmente si estos clavos están situados por detrás del punto mas ancho del casco.

 

   Las pestañas impiden estos pequeños desplazamientos de la herradura sobre el casco. En contra de lo que se cree, no sujetan de por si mismas a la herradura, sino que evitan al clavo movimientos que producen holgura entre el casco y el mismo. Y esta holgura es la que provoca que el herraje tenga menor duración. Sin pestañas, el clavo debe de sujetar a la herradura contra el casco, a la vez que debe de vencer las fuerzas de empuje y cizallamiento. Con la pestaña,.el clavo tan solo debe de preocuparse de sujetar la herradura en el casco.

 

   El numero de pestañas, así como el tamaño y la colocación de las mismas es elegido por el herrador de acuerdo a las necesidades del casco y del caballo, según sea su conformación y el servicio que presta. Nunca es capricho del dueño la elección de las pestañas. Viendo el casco y el caballo, el herrador sabe como serán las fuerzas que actúan sobre ese casco, su intensidad y dirección, y según su criterio, sabiendo como actúa cada diferente tipo de pestaña elige el tipo y numero de la misma.

 

   En la figura 2 podemos ver lo que seria la colocación de una pestaña en las lumbres del casco. En esta situación la pestaña solamente se opone al desplazamiento hacia atrás de la herradura, tal y como señala la flecha. Esto es suficiente para la mayoría de los cascos de las manos del caballo, que por lo general son redondos,.En un casco redondito, las fuerzas laterales son prácticamente nulas, y el mayor peligro está en que la herradura se desplace hacia atrás y los primeros clavos compriman la palma.

 

   Sin embargo, como podemos ver en la foto, cuando el casco es de pie, es decir, es mas alargado u ovalado, se pueden producir mas fácilmente las fuerzas laterales o de torsión, sobre todo cuando el caballo es de silla y tiene que realizar giros rápidos.

 

                                                                               Figura 2

 

  En estos casos se emplean las pestañas laterales, que por su  situación permiten contrarrestar tanto los empujes laterales como las fuerzas que arrastran las herraduras hacia atrás. Ese es el motivo de porque las herraduras de pie llevan pestañas laterales en lugar de una pestaña central. Los pies del caballo siempre se mueven realizando un pequeño giro, pues no despegan sobre el centro de las lumbres como en las manos, sino sobre uno de los hombros.

 

   En algunos casos se colocan herraduras con pestañas laterales en las manos. Suele tratarse de cascos deformados con forma ovalada, parecidos a los de pie, o bien porque se precisa retrasar la herradura para facilitar el breakover o despegue del casco. Mecánicamente, y como veremos después, es prácticamente nula la diferencia entre colocar una o dos pestañas en un casco de mano correctamente conformado.

 

                                                                      Figura 3

 

  Los herradores americanos suelen distinguir las pestañas (clip) en tres tipos;

 

   -Toe clip, o pestaña en las lumbres,.

 

   -Side clip o pestaña situada en los hombros de la herradura.

 

   -Lateral clip o pestaña situada en el punto mas ancho del casco.

 

   Este tercer tipo de pestaña,.que podemos ver en la figura 4 solamente se opone a las fuerzas laterales teniendo poco o nulo efecto sobre las fuerzas que empujan a la herradura hacia atrás. Se utiliza muy poco, por las causas que luego analizaremos, quedando su uso relegado a situaciones en que el desplazamiento lateral es muy fuerte, como por ejemplo, caballos que pegan patadas a las paredes del box y mueven la herradura.

 

   Las pestañas situadas por detrás del punto mas ancho del casco solamente se aplican con fines ortopédicos, para aprovechar lo que es su mayor problema, que no permiten el movimiento de los talones. Esta inmovilidad se provoca con pestañas muy traseras en caso de fractura del hueso tejuelo y durante un breve ciclo de la vida del caballo.

 

                                                                                 Lateral clips

 

  Aunque las pestañas pueden fabricarse soldándolas a la herradura, lo mas normal es extraerlas a golpes de martillo del material de la propia herradura. El propósito de este articulo no es mostrar la técnica de sacar pestañas, así que muy por encima diremos que para hacer las pestañas se destaca una porción de material al exterior (burbuja) y se estira hasta darle la forma adecuada. Hay tantas técnicas como herradores para hacer pestañas, y cada uno utiliza aquella con la que mas cómodo se encuentra. Todas son validas en tanto la pestaña quede bien hecha. Hay que tener en cuenta, que utilizando una técnica u otra, las pestaña es mas grande, mas ancha o mas bonita que con otra técnica.

 

   Lo ideal es que el herrador conozca todas las técnicas empleadas para hacer pestañas y se ejercite en ellas, aunque en el día a día solamente emplee una. Generalmente, cuando se tiene mucha práctica en hacer pestañas, se es capaz de hacerlas con cualquier martillo, en incluso en frío!

 

   Solamente hay una forma de aprender a hacer pestañas, y es haciendo muchas. Por eso, se recomienda a los herradores jóvenes que compren, si no todas, muchas herraduras sin pestañas. Es obligándose a hacer pestañas todos los días como se coge la técnicas. Esta costumbre de hacer pestañas, nos sirve, además de para poder elegir el tamaño y la situación de la misma, de un excelente ejercicio de forja y manejo de herraduras comerciales.

 

                                                                                   Side clips

Tradicionalmente se ha definido a una pestaña bien hecha a aquella que es ancha y baja, no superando su altura el doble del grosor de la herradura. Debe de tener la misma inclinación que la tapa del casco contra la que deben de apoyarse. Las pestañas estrechas y puntiformes no confieren un soporte adecuado y son peligrosas, pues en caso de soltarse la herradura se pueden clavar profundamente en la palma. (Hickman)

 

   Son muchos los defectos que se observan en la fabricación y colocación de las pestañas. Estos defectos hacen que la pestaña mal puesta sea completamente inútil en su función y además sea contraproducente y dañina. Veamos alguno de estos defectos;

 

   -Pestañas altas y afiladas. Pueden parecer mas bonitas pero no son funcionales y pueden resultar peligrosas. Si la pestaña no es lo suficientemente rígida, no podrá oponerse con efectividad al empuje de la herradura contra la muralla, y como hemos visto, si es puntiaguda y delgada puede clavarse peligrosamente en la palma.

 

   -Pestañas mal apoyadas en la tapa. No solamente no sirven de nada ,sino que además suponen una fuente de problemas, pues aúnan los defectos de las mismas con ningún beneficio. Ya no digamos de la perniciosa costumbre de practicar una mortaja bestial en forma de V con la tenaza de corte y después sentar la pestaña a martillazos.

 

   Una pestaña bien construida ha de ser plana y apoyarse por completo en la pared del casco. El casco se expande al cargar peso, y la pestaña debe de oponerse a ese peso tan solo en el momento ultimo de la pisada. Es decir, cuando el casco ha llegado a su limite de expansión, es ahí donde la pestaña debe de oponerse a que el casco se expanda mas. Por tanto, toda oposición activa que la pestaña ejerza contra el casco es nociva y con frecuencia es la madre de los problemas derivados y achacados a las pestañas. Una manera sencilla de aplicar correctamente una pestaña es dejar que el calor de la misma (herrando a fuego) forme su propio asiento en la pared del casco, para a continuación limar ligeramente todo lo quemado. Este limado nos asegura que la pestaña no está apretando el casco cuando el caballo no apoya.

 

   Cuando  se aplican en frio, se debe de ser extremadamente cuidadoso con la elaboración de la mortaja para la pestaña. La pestaña debe de apoyarse por completo en la tapa, para lo cual se debe de realizar un buen trabajo con la escofina, a fin de procurar un buen asiento .La practica de hacer una gran V con la tenaza de corte y después colocar la herradura, es totalmente inútil, nociva y contraproducente, amén se ser un "adaptar el casco a la herradura, en lugar de adaptar la herradura al casco".

                                                                                                   Toe clip

 

Las pestañas han de ir apoyadas en la pared del casco, no incrustadas en el mismo. Una pestaña incrustada en el casco es una pestaña que ejerce una presión activa sobre el casco,  que además  de producir un punto de inflexión del casco. Esto lo definiremos mas adelante, al tratar de los inconvenientes de las pestañas.

 

   Y por supuesto, la pestaña ha de seguir la misma inclinación que la pared del casco. Aunque se le da a la pestaña la inclinación del casco cuando se la trabaja en el yunque, tanto para herrar en caliente como en frío, no siempre se consigue este buen efecto y es necesario rectificar su dirección con unos golpes ligeros de martillo. Ahora bien, una cosa es unos golpecitos ligeros con el martillo y otra muy distinta colocar una pestaña totalmente perpendicular y después doblarla a martillazos contra el casco. Así, solo se consigue doblar la punta de la pestaña contra la pared, quedando su base sin contacto con la tapa firme. Por otra parte, es preferible utilizar el martillo de nylon al de clavar, pues aquel absorbe las vibraciones y su efecto es el de empujar a la pestaña,.en tanto que el de acero transmite las concusiones al interior del casco, pudiendo dañar a la vena marginal y provocar un hematoma.

 

   Las pestañas deben de estar siempre situadas en el borde de la tabla de la herradura. El herrador, cuando hace una pestaña bien hecha, aunque haya extraído el material de la tabla de la herradura, la pestaña siempre queda en el borde. Algunas herraduras comerciales traen la pestaña en el borde, pero otras la traen en el interior de la tabla. Esto hace que muchas veces, si se quiere dejar la herradura a ras del casco, la pestaña quede incrustada en la pared. Este tipo de herradura no persigue que la herradura quede incrustada, sino que la diferencia entre la pestaña y el borde de la herradura (1 mm apenas) sirva para después de biselado con la lijadora de reborde sobresaliente en todo el casco. Si no queremos dejar ese reborde, hay que retocarlas en la forja a fin de desplazar la pestaña hacia afuera.

 

   Como todas las cosas del herraje, las pestañas en la herradura tienen su parte negativa. Esto no quiere decir que el caballo no pueda asumir el coste negativo de que sus herraduras estén provistas de pestañas. Es el herrador quien debe de conseguir a toda costa que el aspecto negativo sea el mínimo posible, de tal manera que los beneficios de la pestaña superen con creces a los perjuicios.

En general, una pestaña bien hecha y bien colocada, no tiene coste alguno para el caballo. Lo que no se puede transpolar es el hecho de que porque muchas pestañas se hagan mal y se coloquen peor, las pestañas tengan que ser malas. Este hecho se puede aplicar  a todo el herraje en general. Las pestañas son una herramienta mas en la caja del herrador y el bien y el mal no están en la herramienta, sino en la forma de utilizarla.

 

   Uno de los defectos que se le suele achacar a las pestañas es que oprime el casco y oprime a la vena marginal. Esta vena recorre el borde solar del hueso tejuelo y drena los ramos venosos que corren por su superficie. Cuando rebajamos en exceso la palma y aparecen unas gotitas de sangre, es que hemos herido esa vena, que es la mas cercana al suelo.

 

   No e cierto que las pestañas bien puestas puedan comprimir la vena marginal. Cuando se comprime esa vena, que es lo que ocurre cuando la herradura sienta sobre la palma, se produce gran dolor y necrosis. Tal y como podemos ver en la radiografía que ilustra el caso, las pestañas quedan muy por debajo de la vena marginal. Y por mucha presión que el pie quiera ejercer sobre la pestaña cuando apoya en el suelo, esta nunca será lo suficiente como para llegar a hacerse daño contra la pestaña.

 

   El principal inconveniente de las pestañas es que dependiendo de su colocación, alteran el mecanismo de arco del casco. De entre las varias deformaciones que sufre el estuche córneo cuando el caballo apoya el peso, la mas pronunciada es que las dos mitades del casco, lateral y medial, se separan tomando como centro el punto central de las lumbres. Es como en un arco, que al tensar la cuerda, las puntas se juntan ,decreciendo este movimiento a medida que nos acercamos al centro. Así, en el casco del caballo, los talones se separan una media de dos milímetros, en tanto que a la altura de las cuartas partes, el punto mas ancho del casco, la separación es de apenas la mitad. Este movimiento se va atenuando hacia adelante de manera que en los hombros es prácticamente despreciable y en el centro de las lumbres es totalmente nulo.

 

   Esta es la razón por la que no se colocan clavos por detrás del punto mas ancho de casco, porque es a partir de ese punto donde se produce la mayor parte del movimiento de los talones. Y esa es la misma razón por la que el descanso que se deja a la herradura ha de ir únicamente en esa zona, siendo totalmente inútil por delante.

 

   Por esto mismo, la pestaña de las lumbres, no tiene ningún efecto negativo en el movimiento del casco. Las pestañas situadas en los hombros tienen un efecto despreciable sobre este movimiento de apertura y cierre de los talones. Las pestañas en el punto mas ancho del casco tienen un efecto mínimo, asumible en los casos en que estas pestañas se recomiendan, y las pestañas situadas en los talones tienen un efecto magnificado, que se utiliza cuando se quiere restringir este movimiento.

 

   Podemos concluir asegurando que las pestañas son una solución practica, sencilla y barata a los problemas de desplazamiento de la herradura sobre el casco. No presentan efectos negativos apreciables cuando han sido realizadas y aplicadas al casco de acuerdo con las buenas normas del herraje, y que ofrecen unos beneficios de tal magnitud al herraje que hacen completamente despreciables estos efectos negativos.