Manos deformadas y con artritis

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    Los caballos, cuando tienen las suerte de llegar a viejos, suelen desarrollar degeneraciones músculo esqueléticas de la mas diversa especie. Son degeneraciones comunes a todos los mamíferos, el hombre incluido, así que se trata sin duda de algo consustancial a la vida. Los huesos y las articulaciones, parecen tener tendencia a producir artritis y sobrehuesos, lo que unido a la progresiva calcificación de los cartílagos, dificulta la movilidad y produce dolores crónicos.

 

   Este caballo de bastantes años de edad, vive en un prado pequeño por el que se mueve con dificultad. Tiene los cascos largos y deformados, debido a los pocos cuidados que se le prestan y a una artritis severa en los menudillos. Sus nuevos propietarios quieren darle un poco de confort y aliviarle el dolor.

 

 

 

Así pues, nos hemos acercado hasta su prado para ver que se puede hacer por el caballito. A primera vista nos llama la atención sus cascos muy largos y los bultos de la corona, sospecha de que debajo, existe una artritis generalizada de la articulación. El animalito se mueve con los miembros muy rígidos, buscando la postura en que menos dolor le produce. Aun con todo, su estado de carnes es bastante bueno y se le ve alegre y con ganas de vivir.

 

 

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   Efectivamente, podemos observar en el menudillo de la mano derecha, unos abultamientos anómalos, claro indicio de una artritis periarticular. Si pudiésemos observar el hueso, este tendría la apariencia de una coliflor.

 

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   La mano izquierda presenta un aspecto muy parecido. En esta fotografía se puede observar como los talones aparecen contraídos y remetidos, producto del reparto anormal de las presiones, debido al exceso de lumbres y a la propia artritis.

 

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   Al levantar las manos, comprobamos como los talones aparecen deformados, situados a diferente nivel uno del otro.

 

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   Es poco lo que se puede hacer desde el herraje por este caballo, salvo eliminar todo el casco sobrante. Nos hemos inclinado por hacerle algo sencillo y económico, que le permita moverse por su prado con mas facilidad y menos dolor. Un herraje sencillo también conseguirá que se le revise cada cierto tiempo y no le vuelvan a quedar los cascos tan largos.

 

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   Hemos aplomado al caballo lo que hemos podido y le hemos colocado unas herraduras de aplomo natural, que le faciliten el movimiento. El caballo parece sentirse muy cómodo con el herraje. En los próximos días se le debe de vigilar, pues pudiera ser que el cambio de aplomo y la manera de pisar, le ocasione alguna rotura de las exuberancias del sobrehueso. Esto ocasionaría un secuestro óseo, es decir, un trozo de hueso suelto que el organismo no reconoce como propio e intenta rechazar y expulsar. En pocas semanas se produciría una necrosis y una fístula purulenta.

 

   Esperemos que esto último no se produzca y el caballo pueda acabar sus días descansando plácidamente en la llanura madrileña.