Prácticas con herraduras viejas

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   Hace unos días, estuve observando a un aprendiz de herrador como hacia prácticas de forja. Se estaba ejercitando en la forja de una herradura a partir de un trozo de pletina lisa. tal y como le enseñan en la escuela de herradores. En la pletina, había marcado con un punzón el centro de la herradura y las claveras .Las marcas y los puntos, estaban medidos con escrupulosidad, para que saliese una herradura perfecta. Incluso una de las ramas era unos milímetros mas larga, para que la herradura tenga rama interna y rama externa.Nada que objetar en la teoría, pero en el suelo se podía ver el vano resultado de los esfuerzos del aprendiz por convertir una pletina en algo distinto a un hierro doblado y con agujeros.

 

   Hacer una herradura, parece sencillo y fácil a simple vista, pero no lo es en absoluto. Es fácil doblar una pletina de hierro y hacerle claveras, pero eso no quiere decir que sepamos hacer herraduras. La herradura tiene una serie de características cosméticas y geométricas muy concretas, y en tanto no seamos capaces de fijar en nuestro cerebro los esquemas geométricos de la misma, no lograremos ningún resultado satisfactorio.

 

 

   El señor Domitilo, maestro de tantos herradores, decía que debíamos de ver la herradura hecha, no la barra de hierro lisa o la media herradura que se iba forjando. Y que cuando lográsemos ver en nuestro cerebro la herradura ya terminada, entonces notaríamos como los golpes de martillo surgían naturales de nuestras manos, sin que prácticamente nuestro cerebro tuviese que dar la orden. Las manos trabajarían solas y la herradura tomaría una forma perfecta de manera natural y lógica.

 

   Cuando el aprendiz repite los pasos que le han enseñado, mentalmente repite cada paso uno por uno, pero sin visión total de la herradura. Por eso tiene que pensar en el golpe que va a dar y donde lo va a dar. Y como es natural cuando uno es novato y no sabe, sucede que primero damos el golpe y luego pensamos en donde lo queriamos dar. El resultado, un desastre. La comparación es sencilla si nos referimos al acto de aprender a leer. El niño repite la cantinela: “La t con la o, to..la m con la a, ma…la t con la e, te..  to-ma-te”.Un buen dia, se le hace la luz en el cerebro y ya no lee “to-ma-te”,sino que la palabra “ tomate” surge natural y fácilmente. Así, al aprendiz de herrador, un día, después de mucha practica, se le hace la luz y ya no ve una pletina lisa, sino que en su cerebro percibe la imagen de la herradura que quiere hacer con esa pletina. Y quien dice una herradura dice cualquier modificación que se le pueda hacer a un trozo de hierro calentado al rojo vivo.

 

   Volvamos a nuestro aprendiz, que se esfuerza por forjar una herradura a partir de un trozo virgen de hierro. En nuestra opinión, no es un buen método de enseñanza. Es tanto como pretender que un niño que aprende a escribir, lo haga sobre un folio en blanco y con una plumilla y tinta china. En mis tiempos, aprendíamos a escribir sobrescribiendo a lápiz sobre una línea punteada. Así, fijábamos en nuestro cerebro los modelos de las letras. Del mismo modo, aprendimos a forjar herraduras sobrescribiendo sobre un hierro punteado. Y este hierro punteado no es mas que una herradura vieja que se ha enderezado.

 

   En un taller de forja y herraje, sea civil o militar, a nadie se le ocurre que los aprendices ejerciten la forja con hierro nuevo o con herraduras nuevas. Esas cosas se hacen con las herraduras viejas. Las practicas siempre se hicieron con herraduras viejas, por una razón bien sencilla y obvia. Para aprender se han de estropear antes muchas herraduras, y el hierro nuevo cuesta dinero. Las herraduras que no estaban muy defectuosas, se enderezaban y con ella se hacían practicas de forja.

 

   Una herradura enderezada, no necesita que se le marque punto alguno de referencia. El ranurado y las claveras están ahí. El centro suele estar definido por la marca de la herradura y si la herradura tiene izquierda y derecha, en la rama externa tiene una marca o una protuberancia. Es mucho mas sencillo reconocer y fijar los esquemas geométricos de la herradura, viendo donde van exactamente el ranurado y las claveras que con puntos imaginarios. Basta con enderezar y volver a reconstruir unas cuantas herraduras para que nuestro cerebro se coordine con nuestras manos y obtener así resultados satisfactorios. Aún recuerdo con satisfacción el día que se hizo la luz en mi cerebro ¡!

 

   En este pequeño tutorial mostraremos como se hace una herradura nueva a partir de una herradura usada. En la fotografía de portada vemos una herradura que ha sido completamente enderezada. Era una herradura de dos pestañas, que convertiremos en una herradura de mano con una sola pestaña frontal. Hemos rebatido las pestañas y enderezado la herradura, rebateando ligeramente sus cantos. Como es fácil adivinar, el resultado final será una herradura una talla mas grande que la inicial, pues el hierro se estira con los golpes.

 

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   El secreto del éxito de la fabricación de una herradura consiste en la perfección del primer doblado. Si doblamos correctamente la pletina, la herradura sale bonita. Si descuidamos el primer doblado, saldrá un churro. La pletina se dobla de manera que sus ramas formen un ángulo recto o noventa grados. La intensidad de la curvatura va en función de que la herradura sea de mano o de pie. Si es de mano, la curvatura es mas abierta, si es de pie, es mas cerrada. De todos modos, la intensidad de la curvatura se puede modificar a la hora de rematar la herradura en el cuerno redondo. Lo que es indispensable es que las ramas queden iguales y la curvatura, sea del grado que sea, que quede uniforme. No debemos de pasar jamás al siguiente paso sin que la forma sea la deseada, y corregiremos cuantas veces haga falta la forma de la pletina hasta conseguirla. Como vemos en la foto, el ranurado antiguo nos ayuda a centrar las lumbres.

 

 

 

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   Calentamos bien una rama y repasamos la terminación del callo. Es el momento de curvar esta rama en el cuerno redondo del yunque para que vaya tomando la forma deseada. En las manos, la curvatura es uniforme y con tendencia a ser semicircular. En la herradura de pie, las cuarta partes son un tanto rectas y el talón se incurva hacia adentro de manera mas brusca. Es el momento de repasar la ranura, para ejercitarnos y que cuando lo intentemos en un hierro liso, tengamos practica con el ranurador.

 

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   Hacemos exactamente igual en la otra rama, estampamos las claveras y corregimos la forma general de la herradura. Quizás necesitemos abrirla o cerrarla, enderezar la rama o cerrarla un poco. La herradura ya esta hecha. Tan solo queda extraerle la pestaña en las lumbres.

 

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   Vista de la herradura por su cara superior. Se aprecian las antiguas pestañas rebatidas en el cuerpo de las ramas. Aunque hoy día no se hace, era práctica muy común el aprovechar las herraduras viejas hasta la total consunción de las mismas. Una herradura a medio uso, se la volvía a hacer de nuevo tal y como explicamos aquí. Si las lumbres estaban muy gastadas, se partía al medio y con cada callo se hacia una herradura de burro o mula. Si la herradura era lisa, es decir, si no estaba ranurada, se estampaban por el otro lado y le quedaba un aspecto totalmente de nueva. A veces, se soldaban entre si varios callos de herraduras viejas y se estiraban para obtener herraduras nuevas. Este tipo de herraduras se llamaban “herraduras de descalle”.Los herradores que nos precedieron, debían de trabajar mucho mas que nosotros para obtener menos dinero. Agradezcámosles que nos hayan transmitido una técnica y un trabajo mucho mejor que el suyo.

 

 callo

   Detalle del remate del callo. Hay tantos estilos de rematar los callos como herradores. Personalmente, me gusta rematarlos hacia fuera, a fin de evitar en lo posible que el canto de la herradura oprima la ranilla, y por otro lado, que permita la salida a la suciedad..

 

 pestaa

   Detalle de la pestaña. Si queremos hacer una pestaña en las lumbres, y estas están desgastadas, debemos de tener la precaución de doblar la herradura hacia el lado contrario, es decir, la parte desgastada de la lumbre, quedará en el interior de la herradura y dejaremos hacia fuera lo que antes era el canto interno de la bóveda.De esta manera, dispondremos de hierro suficiente para poder extraer la pestaña.

 

   Hay muchos métodos de sacar pestañas (prometo un articulo sobre las pestañas), con martillo de balón, punzón de sacar pestañas, etc.Esta ha sido extraída con la peña del martillo. Las pestañas, en general, han de ser anchas y bajas, nunca altas ni mucho menos afiladas.

 

   Dejamos a nuestro aprendiz forjando y practicando. Nuestro consejo; que se practique todo lo que pueda con herraduras viejas. Es el mejor uso que podemos dar a las herraduras viejas: deshacerlas y volver a hacerlas, extraerles todas las pestañas posibles, hacerles rolling, cebollas, extensiones, todo lo que se nos ocurra. Toda la práctica que hagamos de forja, redundará en la calidad del herraje que podamos ofrecer a nuestros clientes los caballos.