Sindrome de talones bajos

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 Articulo publicado en la revista " A la Vaquera",número 18.

 

 

   En los últimos años hemos ido asistiendo a la paulatina, pero constante introducción de caballos de razas europeas en nuestra disciplina de Doma Vaquera. El caballo PRE y sus cruces, especialmente el hispanoárabe, tradicionalmente empleados en el trabajo de campo y en la equitación de concurso, perdieron su monopolio a favor de caballos pura sangre inglés y sus cruces, el angloárabe y el tres sangres, tan extendidos en nuestra geografía. La sangre caliente de los árabes, a través de la sangre inglesa, transmitió, a decir de los estudiosos, la necesaria chispa y ligereza de  que adolecían nuestras monturas tradicionales. El resultado es bien visible, el caballo inglés y en especial el angloárabe, se adueñan del Rejoneo y  de la Doma Vaquera, especialmente la doma de pista.

 

  Los criadores saben que en la cría de caballos y en  genética, dos mas dos casi nunca son cuatro. La fijación de caracteres es tan aleatoria, que determinados cruces pueden potenciar ciertas cualidades, pero a su vez, son capaces de multiplicar otros defectos, mas bien diría, ciertas carencias. Esto es lo que ocurre con los caballos de razas de sangre caliente inglesa y centroeuropea. Han potenciado sus cualidades deportivas, pero han perdido rusticidad. Y de entre las virtudes inherentes a la rusticidad, podemos destacar la pérdida de la calidad de sus cascos, hasta el punto de definir a este tipo de caballos como “estatuas de oro con pies de barro”.

 

  Una somera observación es suficiente para comprobar cuan diferentes son los cascos de un  pura raza española de los cascos de un pura sangre inglés o angloárabe. Nuestra raza autóctona, dispone de cascos fuertes y duros, siendo esta última cualidad un verdadero problema para los herradores de las zonas castellanas y andaluzas de nuestro país. Un herrador de Albacete me comentaba no hace mucho tiempo sobre lo difícil que se hacia rebajarle los cascos a un caballo español en el seco verano de su tierra, comparándolo con la blandura de los cascos de los caballos angloárabes. El casco del caballo inglés o angloárabe es un casco, que a pesar de que puede tener un tamaño considerable, está hecho de materia córnea relativamente blanda, propiedad esta última que se convierte en un problema, debido a la imposibilidad de mantener las herraduras y la forma funcional del casco. De entre las carencias o defectos mas comunes en los cascos de este tipo de caballo, podemos destacar lo que se ha venido a denominar “Síndrome de talones bajos”.

 

  El cuadro de talones bajos es fácil de distinguir: las lumbres del casco se alargan hacia delante y los talones se hunden y se remeten por debajo del casco. El talón pierde altura y se aproxima hacia el suelo, llegando incluso a tocar este con el pelo. Sucede a veces que las cuarta partes se ensanchan, adquiriendo una curvatura característica  y que las lumbres del casco, se redondean, debido a que la punta del hueso se levanta hacia arriba. Es lo que se conoce como “bull-nosed” u hocico de toro. En la práctica, todo se reduce a un malestar para el caballo y la pérdida de desarrollo potencial. Al caballo le fallan sus pies, y de todos es sabido que sin una buena base de apoyo, difícilmente puede un caballo desarrollar todo su potencial deportivo. Es el antiguo adagio “Sin pie, no hay caballo”.

   Los talones bajos, pueden tener un origen morfológico o sobrevenido. Los caballos originarios de sangre inglesa y sus cruces, tienen tendencia a ser largos de cuartilla, lo que produce que de manera natural, tengan tendencia a recargar las regiones posteriores del casco. Si a esto unimos, que por características genéticas, el casco de estos caballos es un casco fino y de poca consistencia, tenemos las condiciones necesarias para que los talones del caballo no puedan soportar el peso, se colapsen y se hundan. El casco, al hundirse, puede adoptar las mas diversas formas, algunas de ellas, verdaderamente

curiosas, pero todas con un común denominador: la sustancia córnea se torna cada vez mas débil, al no poder nutrirse con normalidad, entrando en un circulo vicioso que conduce a la total inutilización del caballo.

 

  Un aplomado incorrecto, un herraje inadecuado, pueden conducir a la ruina de los talones del caballo. Desgraciadamente, el herraje se toma como algo rutinario, encaminado a evitar el desgaste de los cascos en el caballo, y quizás esta  sea la menor de las pretensiones del herraje moderno. Demasiadas veces se realizan herrajes inadecuados y lo que debiera ser un mayor aporte de confort para el caballo, se convierte en una carga mas, en un handicap que el caballo debe de soportar. Los periodos demasiado largos entre un herraje y otro son fatales para el casco del caballo angloárabe, que tiene tendencia a remeterse de talones. La exigencia por parte del propietario de un herraje “que dure” obliga  a la mayoría de los herradores a utilizar herraduras pesadas y clavos gruesos, medicina efectiva  a corto plazo, pero fatal para la funcionalidad del casco.

 

  Las alteraciones patológicas que se siguen del cuadro de talones bajos son muchas y bastante graves. Los talones hundidos no son capaces de dar un soporte adecuado al menudillo, con lo que se desequilibra gravemente el sistema suspensor y el conjunto de los tendones flexores. El eje casco cuartilla, tan importante en la funcionalidad del pie se ve comprometido y roto hacia atrás ,lo que conlleva a que el caballo vuelque aun mas sus peso en las regiones posteriores. El tendón flexor profundo, comprime al hueso navicular, dañándole. El ligamento suspensor del menudillo sufre una tensión permanente y anómala, con lo que sus fibras se debilitan y rompen. Los huesos del menudillo, reciben y transmiten las cargas de manera anómala, con lo que su estructura interna sufre cambios y degeneraciones. Los ligamentos de las articulaciones del pie, permanentemente estresados, van traccionando el periostio o capa que recubre el hueso. El hueso, así irritado, prolifera en forma de coliflor y aparecen las sobremanos o exóstosis. Por ultimo, la tapa del casco, es decir, el estuche córneo que envuelve los órganos internos del mismo, se colapsa, incapaz de sostener el peso del caballo y se rompe, dando lugar a grietas, cuartos y razas en lumbre.

 

  Uno de los desórdenes que van aparejados al síndrome de talones bajos, cuando no es efecto directo del mismo, es lo que se conoce como “talones desgarrados”.El tejido conectivo que une los bulbos de los talones entre si, se desgarra interiormente, por lo que los talones, sin sujeción, se mueven independientemente entre si. Esto, además de dolor y cojera, provoca que la ranilla se vaya atrofiando y hundiendo, con lo que pierde toda su funcionalidad. En esta zona, aparece una profunda grieta, que a menudo sirve de refugio a infecciones. La laguna central de la ranilla, supura un liquido negruzco y pestilente, producto de la descomposición de la materia cornea de la ranilla o bien un pus blanquecino y fétido.

 

  El menudillo y el casco de un caballo con los talones hundidos, están siempre doloridos e inflamados. Al tacto, suelen aparecer pastosos, dando la impresión de que bajo la piel hay uno de esos plásticos de embalaje que tienen burbujas .Es el resultado de un desequilibrio permanente de todas las estructuras del pie del caballo. La recuperación de este equilibrio es fundamental e imprescindible para poder recuperar unos talones hundidos, o cuando menos, aportar al caballo el máximo de confort. No siempre es posible enderezar unos talones hundidos, sobre todo si el origen del hundimiento esta relacionado con la morfología del animal, es decir, cascos débiles y cuartillas largas o malos aplomos. No podemos corregir la morfología del caballo, pero si que podemos buscar una serie de acciones que hagan que el animal este lo mas cómodo posible con su problema. Aquí, es donde el trabajo del herrador descubre todo su valor. Quienquiera que tenga un caballo con los talones hundidos, sabe que un buen herrador vale su peso en oro, y que es lo que marca la diferencia entre un caballo dispuesto para el trabajo y el entrenamiento o un caballo cojo que es incapaz de sostenerse sobre sus pies.

 

  El herraje del caballo bajo de talones, ha de ir encaminado a proporcionar una base de sustentación suficiente para que estos puedan dar soporte al menudillo. Dos son las premisas principales para acometer un herraje de estas características; dar soporte a los talones hundidos y facilitar la salida del pie, salida comprometida por la reacción natural del casco al hundirse los talones, que es desplazarse hacia delante, formando unas lumbres largas.

 

  Hay varias formas de aumentar la base de sustentación en la región dorsal del casco. Una herradura en barra o de huevo, aumenta la superficie de apoyo de la misma. La acción de la herradura con barra o huevo, no es directa sobre los talones, sino que actúa indirectamente. Al disminuir el hundimiento del pie en las pistas blandas, disminuye los efectos nocivos de los talones bajos y a la vez, proporciona estabilidad al menudillo.

 

  Bajo ningún concepto se debe de intentar elevar el pie mediante cuñas o suplementos en la herradura. Está demostrado que lo que se consigue mediante cuñas o talonetas es elevar la muralla en relación con el pie, pero las estructuras internas del pie, siguen descendiendo. Si elevamos la tapa, defecto muy común en los PRE y del cual hablaremos en un próximo articulo, lo que conseguimos es apretar los cartílagos laterales contra el rodete coronario, y este es el origen de la mayoría de los cuartos que empiezan en la corona. En los casos en que convenga elevar la región posterior del pie, se debe de poner la máxima atención en elevar todo el pie, casco, palma y ranilla a la vez. Esto se consigue con herraduras especiales, o con la aplicación de plantillas y almohadillas plantares acrílicas, que hábilmente empleadas por un herrador experto, consiguen un apoyo correcto de la región posterior del casco. El mercado nos ofrece diversos materiales de soporte, de entre los cuales, destacaremos el uso de la silicona de impronta dental, de la que utilizan los dentistas para hacer el molde de nuestra dentadura. El herraje con herradura de barra o huevo, mas esta silicona bajo una plantilla, se ha revelado como un método fácil y asequible para el tratamiento de los talones hundidos.

 

  Por otra parte, son muchos los métodos ideados para ofrecer una buena salida al casco, de entre los que destacaremos la herradura de aplomo natural y especialmente la herradura de nueva generación llamada Rock and Roll, o herradura de basculamiento multidireccional. Esta herradura en especial se ha revelado como un método sencillo y eficaz de controlar los problemas sobrevenidos por un cuadro de hundimiento de talones.

 

  Como colofón a este artículo, podemos reseñar que las nuevas razas de caballos que se han introducido y se están introduciendo en nuestra Doma Vaquera, si bien son capaces de aportar chispa, agilidad de movimientos o inteligencia, son también susceptibles de padecer carencias morfológicas, que les hacen presentar diversas patologías. En estos casos, la actuación de un herrador competente, siempre en colaboración con el veterinario y el jinete, puede compensar los defectos que la genética y la selección artificial han perpetuado, consiguiendo así, que el caballo atleta pueda desarrollar todo su potencial de trabajo.