Herraduras truncadas o herraje a la turca.

 

 

Desde los primeros tiempos del herraje se pudo comprobar el efecto benéfico que supone el sustraer del apoyo a ciertas partes del casco que se ven afectadas por diversas enfermedades o problemas de locomoción y de marcha. Nacen así las herraduras truncadas, que no son sino herraduras a las que se les ha eliminado una parte de su contorno.

El desequilibrio creado así en la herradura, produce un desequilibrio en el casco y en el movimiento del caballo. Manejando correctamente este desequilibrio se pueden mejorar o corregir desequilibrios congénitos o adquiridos, aplicándolos en la intensidad y dirección adecuadas. Es decir, provocamos en el caballo un desequilibrio igual al que padece, solo que en sentido contrario, con lo que estos se anulan y se logra el equilibrio corporal y de la marcha.

En los comienzos del herraje las herraduras truncadas se aplicaban únicamente para resolver accidentes de la marcha, como el alcance y el forjado. Básicamente se buscaba eliminar la parte de la herradura que contunde al miembro afectado. Hoy día se han recuperado para los ejercicios de forja tipos de herraduras en desuso como la de punta de diamante, herraduras en Z, punteras para potros topinos, etc. Sin embargo es en el herraje ortopédico donde las herraduras truncadas encuentran su mayor y mejor aplicación.

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