Tranquilizantes para herrar caballos

hpim5894La valoración del uso de tranquilizantes para herrar caballos dificiles, ha de ser considerada bajo al menos cuatro puntos de vista distintos y a su vez interrelacionados entre sí. Los alegatos, ya sean a favor o en contra, han de ser contemplados bajo distintos parámetros que cambian respecto a las coincidencias o discrepancias del herrador con el caballo o las condiciones en que se practica el herrado. En el siguiente articulo analizaremos los distintos puntos de vista desde los cuales de decide la administración de un tranquilizante medicamentoso por parte de un herrador a un caballo difícil. Para un mejor análisis del tema, unificaremos todos los distintos parámetros de actuación sobre tres puntos principales: El propietario del caballo, el efecto del tranquilizante sobre el caballo, y el herrador del caballo como individuo administrador del tranquilizante y responsable en ultima instancia ante la ley y el propietario del caballo. 

El propietario del caballo.

Generalmente, el propietario del herraje es completamente ajeno a éste en los tiempos modernos. Atrás quedan los tiempos en que el dueño del caballo se desplazaba hasta la herrería para herrar su caballo, no solamente presenciando la operación del herrado, sino incluso participando activamente en el mismo, sosteniendo las manos y pies del animal cuando se herraba al “estilo español”.

Hoy dia, el herraje del caballo ha derivado en la costumbre de que el herrador hierra al caballo al “estilo inglés” , sin necesidad de ayudante que sostenga los pies del caballo. Esta práctica ha supuesto un gran descanso para el propietario,que no necesita estar presente durante el herrado ni necesita sostener el mismo los pies,o en su defecto, tener que pedir ayuda para tan enojosa y cansada operación. La práctica general en los clubes ecuestres consiste hoy dia en que el propietario se limita a ordenar que se hierre su caballo y pagar la factura correspondiente.

Esta relación del propietario con su caballo, en lo que respecta al herraje del mismo, deriva en una serie de graves inconvenientes, como son por una parte,el desconocimiento del propietario acerca de las dificultades del herraje y de otra parte, a la pérdida de la sana costumbre de acostumbrar al caballo desde potro al manejo de pies y manos, con el fin de facilitar el herraje del animal en el futuro. A este asunto son claro ejemplo frases que se oyen del estilo de “Es fácil herrar…” o “Yo pago para que lo hierren, así que es cosa del herrador levantarle los pies..”

Con esta,a veces nula, relación entre el propietario y el herrador, no es de extrañar que a la vista de la factura,el propietario se queje del elevado precio de ésta, buscando a veces, motivos infundados de queja,tales como la excesiva e inapropiada administración de tranquilizantes. Estos medicamentos son caros,debido al monopolio de sus empresas fabricantes, y suponen un elevado aumento de la tarifa del herraje. Tambien influye en muchos propietarios la distinta opinión que se tiene sobre la idoneidad de los protocolos seguidos por veterinarios y herradores. Cualquier veterinario pone un tranquilizante a un caballo para una observación de cualquier tipo y es bien vista por el propietario del caballo, en tanto que si el herrador recurre a los tranquilizantes como ultimo recurso para controlar a un caballo difícil, se le suele achacar cobardia, comodidad e incluso se opina que es producto de las prisas. Se suele comentar entre herradores, que si el medicamento tranquilizante fuese gratuito, la gran mayoria de los propietarios no pondrian objeción alguna a su administración.

Efecto del tranquilizante en el caballo.

No parece probado que la administración de tranquilizantes suponga un riesgo para la salud del caballo. Los estudios farmacológicos realizados por los fabricantes, demuestran que a la dosis recomendada no afectan al animal mas allá de los efectos buscados en el periodo de tiempo deseado. Algunos efectos secundarios están controlados a la dosis y posología recomendadas por el fabricante, aunque hay un riesgo inherente a la administración de fármacos a individuos que puedan padecer alguna enfermedad que contraindique la administración de los mismos. La mayoría de los tranquilizantes utilizados para el herraje de caballos hoy dia son completamente seguros, no atraviesan la barrera placentaria, por lo que se puede tranquilizar a una yegua en las ultimas etapas de la gestación. El efecto secundario consistente en el prolapso del pene, observado en sementales tras la administración de tranquilizantes basados en la acepromazina, ha sido eliminado en los modernos tranquilizantes basados en el uso de la detomidina ,la romifidina y el butorfanol.

No obstante la seguridad ofrecida por el fármaco en si, no se deben de despreciar las actitudes del caballo sedado o que se va a sedar. Efectivamente, hay animales extremadamente sensibles a los pinchazos con agujas hipodérmicas , comportándose con inusitada violencia ante la sola vista de una jeringuilla. En estos casos las dificultades para herrar al caballo se ven aumentadas.

Un caballo sedado es un animal que tiene disminuidas algunas de sus funciones vitales y percepciones. La mayoria de los medicamentos utilizados para la tranquilización de caballos para su manejo y herrado, tienen un efecto ligeramente analgésico, pero en modo alguno disminuyen la percepción espacio- temporal del caballo. El caballo no solamente sabe perfectamente donde está y lo que se le está haciendo, sino que parece probado que la administración de algunos tranquilizantes provoca hiperacusia, es decir,el caballo oye los sonidos muy aumentados.Tambien se conoce que las reacciones negativas del animal sedado son mucho mas exageradas. Un caballo sedado reaccionara mas intempestiva y mas sorpresivamente que otro animal sin sedar, lo que añade un peligro añadido al manejo de animales sedados.

No existen estudios acerca de los efectos de una administración prolongada en el tiempo de tranquilizantes ni de la posible adicción a este tipo de medicamentos, aunque se supone que la esporádica administración de los mismos, como puede ser la cadencia de herraje, no conlleva riesgo de adicción.

Uno de los efectos a tener en cuenta en el herraje del caballo sedado es el valor analgésico del sedante. Efectivamente, del mismo modo que la tranquilización del caballo muchas veces consiste en suprimir ese dolor en las articulaciones o en el dorso que es lo que hace al caballo difícil para herrar, puede volverse en nuestra contra al evitar que el caballo sienta el dolor producido por un clavo que esta comprimiendo o hiriendo el tejido vivo del pie.

El herrador, el caballo y el tranquilizante.

Desde la invención del herrado, uno de los problemas de mas difícil solución consistió en como facilitar el manejo de caballos difíciles, nerviosos e incluso malignos. Algunos métodos consistentes en instrumentos de tortura o de sujeción del caballo, fueron a lo largo de la historia del herraje, fuente de lesiones de todo tipo tanto para los propios caballos como para los operarios encargados de realizar la operación del herrado. Con la práctica a la inglesa, en que el herrador sujeta el pie del caballo a la par que lo hierra, aumentan las probabilidades de tener una lesión o sufrir un accidente. La introducción de los tranquilizantes medicamentosos en la practica del herraje, supuso un gran avance en la mejora del manejo de los caballos difíciles, con la consiguiente repercusión en la calidad del herraje de estos caballos, que debido a las dificultades de su carácter, jamás podían disfrutar de buenos herrajes, lo que, agravando el estado general de sus cascos, hacia que se les tuviese que herrar mas a menudo, entrando en un circulo vicioso del que solamente se salía sacrificando o desechando al caballo, a resultas de su cojera o del accidente producido al herrador o a sus ayudantes.

No obstante, el herrador debe de enfrentarse a ciertos problemas que el uso de los tranquilizantes acarrea. La posesión y administración de fármacos por parte del herrador esta sujeta a premisas importantes de tipo económico, legal y de manejo.

Como hemos citado antes, un caballo sedado es un caballo que ha disminuido notablemente los riesgos inherentes a su herrado, pero en modo alguno es un caballo fácil de herrar. Un caballo sedado no es un caballo que se pueda herrar en cualquier sitio o en cualquier circunstancia, antes bien,las especiales características del comportamiento del caballo sedado aconsejan herrarlo en un lugar y un ambiente apropiado. Hemos visto como las intempestivas y sorpresivas reacciones del caballo sedado desaconsejan en todo punto herrarlo en lugares estrechos e incómodos, antes bien se requiere un lugar espacioso y seguro, donde el herrador y sus herramientas puedan ponerse a salvo de una reacción violenta del animal. Dado que los tranquilizantes provocan hiperacusia, es decir, excitan enormemente el sentido del oído del caballo, haciendo que lo que en realidad son susurros parezcan gritos desaforados, cabe pensar que el mejor sitio para herrar un caballo sedado no es la herrería de un centro ecuestre, donde se reúne la gente ociosa a observar o criticar la labor del herrador en las horas punta de las hipicas. Por este motivo, no es de extrañar que los herradores prefieran herrar en las primeras horas de la mañana, cuando hay poca gente curioseando.

Dado que en España la tenencia y el uso de medicamentos esta regulado por ley, al herrador se le presentan diversos problemas. Legalmente,la tenencia de tranquilizantes medicamentosos esta sujeta al acompañamiento en todo tiempo de la preceptiva receta veterinaria o medica expedida por un facultativo colegiado, que a su vez se hace responsable de la correcta administración de este medicamento El SEPRONA, Servicio para la Protección de la Naturaleza, dependiente de la Guardia Civil, es celoso garante de estas disposiciones legales, con multas que pueden alcanzar una gran cuantía económica, dependiendo de la cantidad y composición de los medicamentos.

En España, y mientras no se derogue la ley, la práctica del oficio de herrador esta sujeta a la supervisión veterinaria. Es decir, legalmente, todo herrador debe de tener un veterinario que lo supervisa y aprueba. Generalmente, es este veterinario quien expide las recetas y autoriza al herrador a utilizar el sedante en la forma y lugar que estime conveniente .Este punto es muy importante para el herrador, pues en la jurisprudencia europea y española hay casos de responsabilidad civil del herrador que fueron desestimados judicialmente al demostrarse que los tranqulizantes habían sido administrados con supervisión veterinaria.

Por otra parte, debido al libre precio de los medicamentos veterinarios, estos productos tienen un elevado valor económico, lo que obliga al herrador de una parte a desembolsar una fuerte cantidad de dinero cada vez que compra tranquilizantes y a cobrar al cliente un asimismo elevado precio por el producto administrado. La mayoría de las veces, los herradores no solamente no ganan dinero en los productos tranquilizantes, sino que asumen todos los riesgos inherentes a la tenencia y administración de tranquilizantes sin contrapartida económica alguna.

Como colofón solo resta por decir, que cada caballo es un mundo y cada herrador es otro mundo distinto. Para el herrador, los tranquilizantes son una herramienta mas, que está ahí y que hay que saber usar con discreción y oportunidad. La profesionalidad del herrador en el capitulo dedicado a la tranquilización del animal difícil consiste en saber cuando un caballo necesita ser sedado para la seguridad de todos, operarios y caballos, y cuando un caballo se puede herrar sin necesidad de sedarle .En el mundo existen caballos dóciles y caballos malignos. Existen propietarios que no tienen inconveniente en que el herrador administre un tranquilizante, y hay propietarios intransigentes. Existen, por ultimo, herradores temerarios que arriesgan su integridad física o la de caballos por motivos diversos, y hay herradores medrosos que consideran que el caballo ha de ser como de piedra para herrarlo. En el equilibrio entre estas variables, es donde reside una correcta actuación ante el caballo difícil,de manera que el cliente quede contento, el herrador satisfecho y el caballo, bien herrado.

 

Gabino Fernandez Baquero