Traumatismo grave en el casco

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   Las heridas punzantes en el casco han de considerarse siempre como urgencia veterinaria, por mucho que a simple vista nos parezcan de poca importancia. Dependiendo del agente causante y de la penetración en las estructuras vivas del interior del pie, los daños producidos pueden poner en peligro el futuro del animal o comprometer su salud durante un largo espacio de tiempo. En todos los traumatismos del pie, el tiempo corre siempre en contra del caballo, por lo que nunca debe de parecernos exagerado el reclamar ayuda profesional ante cualquier herida que el caballo presente en el casco.

 

   Presentamos el caso de un joven caballo PRE que se criaba en libertad en un campo y del que nos refieren se clavó una chapa de acero en la muralla del casco. En principio fue atendido con antibiótico local y parenteral, pero la  gran inflamación y separación del casco y la corona, aconsejaron su traslado a Madrid para recibir una atención mas especializada.

 

   En la fotografía podemos ver, a pesar de la purpurina, el orificio de entrada practicado en la superficie de la muralla y que afecta además a la corona. En la región del talón, la separación de la muralla se hace patente y en cada pisada del caballo expulsa exudados y pus.

 

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   Tras una somera limpieza con un chorro de agua a presión, ya nos podemos hacer una imagen del alcance de las lesiones que presenta el potro. La corona, muy inflamada, desborda el estuche corneo, contra el que roza y provoca aun mas inflamación. Por la entrada del objeto cortante asoma el tejido interno muy inflamado.

 

   Un primer análisis corrobora la sospecha de que todo el casco situado por detrás de la lesión esta desprendido de su matriz ungueal y se hace necesaria su eliminación, A pesar de la aparatosidad del daño, el animal no muestra mucho dolor al manipularle el casco y la corona, anestesiados sin duda por la severa inflamación. Bastó un simple sedante para que el potro permaneciera tranquilo durante toda la  operación, sin que fuese preciso realizar neurobloqueo.

 

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   La cura de primeros auxilios consistirá en la resección total del casco semidesprendido, por lo que se hace imprescindible un herraje ortopédico que dé apoyo al casco, totalmente desestabilizado. Para ello optamos por el método que nos da tan buenos resultados, es decir, una herradura de huevo con una placa semirrigida que da soporte a una almohadilla plantar de material de impresión dental. Es previsible que el casco va a sangrar bastante, por lo que optamos por herrar primero y resecar después. Esto también nos garantiza que en ningún momento el caballo apoyará sobre un casco desestabilizado.

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   Comenzamos a resecar casco  con la ayuda de la tenaza de filos curvos y la legra de anillo. A medida que vamos avanzando, la lesiones se muestran cada vez mas graves. Toda la tapa posterior a la lesión esta suelta y se sujeta únicamente por una estrecha banda  inferior y la barra.

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   En esta ampliación podemos ver como la infección y los exudados provenientes de la herida han liberado la unión de las laminillas corneas y la tapa esta completamente suelta. Todo este tejido corneo suelto, al que el organismo del caballo considera un cuerpo extraño, aumenta  la inflamación y el dolor. Se puede ver la corona, muy inflamada. que desborda el estuche corneo.

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   Ya hemos eliminado toda la tapa suelta. También se debe de eliminar el resto de casco, a fin de facilitar el correcto crecimiento del nuevo casco. El veterinario realizará radiografías a fin de determinar si el hueso tejuelo fue dañado por la chapa de acero, en cuyo caso habría que legrar la lesion ósea. Nuestra misión  como herrador se encamina a facilitar un buen soporte y un correcto crecimiento del nuevo casco.

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   Con la legra de anillo pequeña vamos eliminando materia cornea suelta. Por delante de la lesión, hacia las lumbres, la corona inflamada desborda parcialmente el casco, lo que hace muy dificultoso el proceso de liberar casco. En esta zona realizamos un pequeño surco subcoronal a fin de aliviar la presión sobre la corona.

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   El potro no acepta fácilmente que se le coloque la mano sobre el trepié, lo que nos obliga a trabajar en el suelo. La zona posterior es difícil de resecar, lo que nos obliga a arrodillarnos en el suelo y arriesgarse a un manotazo.

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   A medida que avanza la resección, los capilares debilitados por la infección se rompen y el sangrado se vuelve mas abundante. Al eliminar el casco, la corona, que estaba levantada desciende y roza con los restos de material corneo. Por eso se hace imprescindible eliminar todo el tejido corneo que se pueda.

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   En esta vista, mas lateralizada, se puede apreciar la gran cantidad de casco que ha sido eliminada y la consiguiente desestabilización del mismo.

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   Aun debemos de eliminar pequeñas porciones de casco y tratar de aliviar la presión en el rodete coronario por delante de la lesión. Se impone la necesidad de colocarle al caballo una ligadura de Esmarch, que no es otra cosa que un vendaje apretado a nivel del menudillo. Esto dificulta la circulación de la sangre por las arterias digitales, lo que evita el sangrado.

 

   La ligadura de Esmarch debe de utilizarse con muchísima cautela y durante un tiempo prudencial, pues de lo contrario podría producirse isquemia en las laminillas y provocar entre otros daños, una infosura yatrogénica. Por esa razón, preferimos realizar la mayor parte de la resección sin ligadura, para recurrir a esta solamente durante los últimos minutos de la operación.

 

 

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   Ya sin la molestia del sangrado, procedemos a eliminar los últimos bordes de tejido corneo. En la región posterior de los talones se puede observar la almohadilla de material de impresión dental que proporciona apoyo a las estructuras internas del pie. Es notable como la corona ha descendido al eliminar el casco.

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   Y damos por terminada la resección del casco. El veterinario hará las radiografías y establecerá un tratamiento antibiótico y antiinflamatorio.

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   Vista ampliada de la zona, una vez resecada. Se distinguen dos zonas, una de las cuales, la superior, corresponde a la tapa que ha sido liberada de su unión con el hueso a causa de las enzimas contenidas en el pus. Otra zona, inferior y que se aprecia blanquecina es la eliminada por la resección, que solo puede llegar al vértice de las laminillas.

 

   Al casco se le aplicó un vendaje compresivo con gasas empapadas en povidona yodada. Si todo va bien, la corona se desinflamará y el casco nuevo empezará a desarrollarse. Toda la zona resecada se recubrirá de tejido cicatricial cornificado, al que cubrirá el nuevo casco a medida que vaya creciendo. Cuando el casco haya crecido una tercera parte de su totalidad, es probable que intentemos reconstruirle con resina acrílica. Entretanto, curas apropiadas y paciencia.

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   Ocho semanas después el casco presenta este aspecto. El rodete ha comenzado a segregar casco, aunque en esta primera etapa crece de manera aberrante. A medida que pase el tiempo, la nueva muralla se normalizará y descenderá paralela al hueso tejuelo. El casco ha crecido bastante, casi un centímetro y medio, pero aun hay una zona de rodete inflamada que no produce tejido corneo.

 

   Por debajo del nuevo casco aparece tejido de granulación, parecido a una coliflor y que ha de ser mantenido a raya para evitar que prolifere e impida la cicatrización y cronificación de las estructuras expuestas. A tal fin se mantendrán las curas con azúcar y Betadine en compresas apretadas durante dos o tres semanas.

 

   A partir de entonces visitaremos al caballo para renovar el herraje y resecar los tejidos muertos que han quedado en la unión de la palma y la tapa. Tambien eliminaremos la porción de casco aberrante. El caballo progresa adecuadamente, sin denotar síntomas de dolor o de cojera.

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   Una semana después la herradura se ha movido, por lo que decidimos adelantar la renovación del herraje. Hay pocos cambios en relación con la fotografía anterior. Llaman la atención la disminución del tejido de granulación (flecha roja) ,bajo el efecto del betadine y el azúcar. Este tejido de granulación impide que se forme casco en el punto del rodete señalado por la flecha verde. Además, actuando como una cuña, empuja al nuevo casco, separándolo de su natural paralelismo con el hueso tejuelo.

 

 

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   Debido a la inflamación y la infección, el crecimiento de la palma y la ranilla, se ha visto detenido durante unos días. Una vez remitida la inflamación, se reanuda el crecimiento, pero permanece una solución de continuidad entre la palma vieja y la palma nueva. Esta separación se conoce con el nombre de doble suela.

 

   La nueva suela (flecha roja) esta constituida por materia córnea de buena calidad, que no cede a la presión del dedo.

 

 

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   Con la ayuda de la legra vamos desprendiendo la doble suela. La ranilla también se ha visto afectada. En principio se debe de considerar como buena suerte la aparición de esta doble suela, pues nos marca  con mas exactitud la cantidad de materia cornea sobrante. El tejido de granulación no invade ninguna zona de la palma, circunscribiéndose a la muralla.

 

 

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   Este es el aspecto de la palma una vez retirada la doble suela. Gracias a los excelentes cuidados recibidos por el propietario, curas reiteradas y cama muy seca, no se ha albergado ningún tipo de exudado o infección en la solución de continuidad de la palma. A continuación se recortó la muralla sobrante y se aplomo el casco.

 

 

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   Hemos vuelto a herrar el pie con la herradura de huevo y tapa semirrigida, llenado todo el hueco de la palma con material de impresión dental. Una vez herrado, con la tenaza y la escofina recortamos y alineamos el tejido corneo producido en el rodete y que crece de manera aberrante debido al empuje del tejido de granulación. El nuevo casco presenta buen aspecto general.

 

 

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   Desde este ángulo podemos observar la recuperación del casco. Durante las próximas semanas esperamos que se resuelva por completo el tejido de granulación y que la nueva muralla pueda crecer paralela al hueso tejuelo. En caso positivo, podemos intentar rellenar la concavidad anterior con resina acrílica para dar mas estabilidad al casco.

 

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   Tres meses y cinco días después del accidente, constatamos la buena recuperación del caballo. El tejido de granulación proliferante ya se ha cornificado por completo, lo que nos anima a proceder a la reconstrucción total del casco con resina Equilox.

 

 

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   Aplomamos en lo posible el casco y limpiamos bien toda la tapa, a fin de que la resina pueda pegarse firmemente al tejido corneo bien firme. En esta ocasión hemos elegido una herradura de corazón de aluminio, debido a que el caballo ya presenta una ranilla prominente y firme.

 

 

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   He aquí la herradura de corazón de aluminio Colleoni. Como se puede ver, hemos practicado dos claveras en las lumbres, buscando el mejor clavado posible en el casco sano.

 

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   El tejido de cicatrización ya se ha cornificado y el caballo no responde a la presión sobre el mismo. Esto nos permite aplicar la resina Equilox, aunque ha de ponerse en capas, a fin de evitar que el calor despedido en la catalización, pueda quemar tejido vivo subyacente o atraer a la superficie agua procedente del interior del casco, y que interferiría en el correcto pegado de la resina.

 

   La zona de las cuartas partes, presentaba una solución de continuidad, corriendo peligro de que se formase un cuarto. Aparentemente, en el rodete coronario se está formando casco integro. El poder sujetar las dos partes del casco a cada lado de este posible cuarto nos ha animado a reconstruir el casco con resina, en prevención de una posible rotura del casco.

 

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   El casco se ha reconstruido con resina Equilox, aplicando capas delgadas a fin de evitar el calor de la catalización. Como refuerzo del parche de acrílico se ha utilizado tela de fibra de poliéster…

 

   A partir de este momento se recomienda un programa de entrenamiento suave para que el caballo se vaya recuperando de los tres meses de relativo reposo que ha mantenido durante su convalecencia.